viernes, 6 de marzo de 2009

EL SISTEMA JURIDICO NECESITA UN CAMBIO COPERNICANO

Introducción, por Héctor Sandler

La Actual Crisis y el Sistema Juridico


Hace 20 años se derrumbaba el muro de Berlín y con él la creencia en un sistema político-jurídico que sostenía un orden económico dirigido por el Estado central, caracterizado por la colectivización de los medios de producción y el consumo. ¿Puede decirse que a partir de entonces triunfó el sistema capitalista?

No puede sostenerse esto, sin más ni más, como lo hicieron en los 1990 los enamorados (o interesados) en el capitalismo.En la vereda de enfrente hay otros que por causa de la actual crisis piensan (o desean) el restablecimiento de ordenes económicos centralmente dirigidos por el Estado.

¿Esta, acaso, condenada la humanidad a oscilar entre uno y otro sistema?

¿Está condenado el llamado capitalismo a sufrir inexorablemente sucesivas crisis, casi a plazo calculable, dejando detrás suyo, en cada una de ellas, un tendal de agentes económicos heridos cuando no muertos?

Son importantes preguntas, en extremo significativas cuando se pretende establecer órdenes políticos democráticos que aseguren la libertad y la igualdad de los ciudadanos y la mayor cooperación social entre ellos y con los gobiernos. No pueden (ni deben) ser contestadas a la ligera con el manual de conocimientos provenientes de la ciencia económica en uso. Ésta se ha convertido en una especie de “escolástica” derivada de la profusión de licenciados en “ciencias económicas” que la aprenden solo para ganarse la vida en alguna posición burocrática, pública o privada; de la gravísima fragmentación del conocimiento por causa de la creciente “especialización” y last , but not the least, de la notoria escasez de pensadores “generalistas” de peso, condición no garantizada por la obtención del premio Nobel.

Escasean (o son ignorados) pensadores individuales con peso semejante al que distinguiera a los fundadores de la ciencia económica.

Estas difíciles circunstancias nos obligan a penetrar en el examen de los fundamentos materiales e ideales del orden social humano. Muchos se ha avanzado en esta dirección a partir del Siglo XVII. Piénsese en la milenaria demorada descalificación de la “esclavitud” como recurso económico; reconozcamos la importancia de “declaraciones de algunos principios fundamentales” para ordenar la sociedad a partir de la libertad individual (Constituciones políticas); alabemos el progresivo reconocimiento de la igualdad jurídica, más allá de las múltiples diferencias que distinguen a grupos e individuos; aplaudamos la descalificación de la violencia física como principio moral para encausar las relaciones humanas; regocijémonos con la aceptación de un derecho idealmente inspirado y basado en el mayor consenso como instrumento para resolver los inevitables conflictos de la vida social, en fin, la lista es tan larga que, repasándola, uno renueva las esperanzas en la recta evolución del hombre. Pero…. de pronto estalla una crisis como la de estos días y las fuerzas de la regresión (la reacción) quisieran parar el proceso en seco mediante un enfrentamiento entre todos, atrapados en una disputa en las que se combate con las mismas ideas que nos llevaron al colapso. No es bueno.
En lugar de ello (y sin renunciar a los logros acumulados en las ultimas centurias) debemos descubrir qué fenómenos de orden social nos falta ajustar para que continúe nuestra evolución. La progresiva humanización del ser humano y su entorno.

Guillermo Andreau da un importante (e indispensable) paso en esa dirección. Si se quiere a vuela pluma, pero abriendo el necesario debate, rescata uno de los puntos más soterrados por ciencia económica, jurídica y política vigentes. Puntos que, como no podía ser de otra forma, ocupaban el pensamiento de los clásicos en esas tres esferas del conocimiento, pero olvidados en los programas de hoy: el derecho a la tierra (del que ningún hombre ha de ser privado) y el destino público de la renta fundiaria (de la que ningún gobierno ha de ser despojado), si se desea un sistema democrático, de hombres libres, laborando en cooperación fraternal.

El Dr. Héctor Sandler es titular de Filosofía del Derecho de la UBA y ha sido Titular de Derecho Civil en diversas Universidades Nacionales y Extranjeras. Es además presidente del Instituto de Capacitación Económica para America Latina (ICEPAL) de la Universidad de Buenos Aires.


EL SISTEMA JURIDICO NECESITA UN CAMBIO COPERNICANO Por Guillermo Andreau

Hoy asistimos a una colosal crisis del llamado sistema capitalista. No es la primera. Mientras los sistemas económicos “central-estatistas” son colosos rígidos (inmutables hasta que colapsan definitivamente), los sistemas “capitalistas” sufren ataques epilépticos. Padecen “ciclos económicos”: crecimiento, estertor (crisis), decaimiento, amesetamiento y vuelta a crecer. Esto preanuncia que el llamado “sistema capitalista” es más vital que el tipo “economías centralmente dirigidas. En comparación, mientras aquel semeja un “organismo vivo” éstas son “catafalcos”, aunque duren milenios como en el caso del Antiguo Egipto.

Pero esa vitalidad se encuentra afectada por una mala estructuración de un centro vital: la apropiación de la renta fundiaria por los particulares y el despojo que de ella sufren los gobiernos estatales. Este efecto es así no por obra de la naturaleza sino por causa del sistema jurídico en ambas cuestiones.

En 2008 dice Alan Greenspan: "se me reveló una laguna en la ideología capitalista en la que siempre creí. Mi opinión era que los mercados libres y competitivos son de lejos la mejor manera de organizar la economía. A lo mejor cometí un error al confiar en que los mercados podían regularse a sí mismos".
Alan Greenspan: “He encontrado un defecto.”
Congresista Henry Waxman: “En otras palabras, usted ha descubierto que su visión del mundo, su ideología, no era correcta; no funcionaba.”
Alan Greenspan: "Ciertamente, precisamente, ...”

¿Que sucede cuando el sistema jurídico y de creencias, en el cual confiamos, se nos revela como falso?

Llegados a este punto tenemos dos caminos: El primer camino -el más fácil y el más lógico-, es dejarnos guiar por nuestros instintos y por nuestra razón. El segundo camino es prestar atención a los efectos no deseados sucedido en el pasado bajo similares condiciones y conforme a esa experiencia actuar, creando instituciones que impidan que el fenómeno vuelva a producirse.

El primer camino es una solución pragmática, en tanto que el segundo camino es una solución principista o moral, vale la pena aclarar que “la moral” es siempre contra intuitiva y contra racional y por ende merece el natural rechazo de los intelectuales “racionalista”.

Con el crack económico, las palabras de los economistas han caído en banca rota una vez mas, porque están sustentadas en un sistema jurídico que genera un ordenamiento económico y social que tiene fallas y que genera ciclos que culminan con peligrosos estallidos. El sistema jurídico basado en un supuesto conocimiento "científico" nos conduce a la barbarie, la improductividad y el enfrentamiento entre hombres.

Ante la crisis de occidente los políticos se han inclinado rápidamente por su instinto con el auxilio de la razón detrás de soluciones pragmáticas intervencionistas, que aumentan la crisis, conduciendo a las sociedades a situaciones de alta tensión de civilización, que pueden desencadenar nuevas catástrofes humanitarias como se registra a lo largo de toda la historia, recuérdese que crisis similares, solo en el Siglo XX, desencadenaron acontecimientos que llevaron a la muerte a más de 180 millones de personas.

La solución moral del problema, es un tema espinoso, que nos da una visión de lo provocador que fueron las Revoluciones: Americana de 1775, la Francesa de 1789 y la Argentina de Mayo de 1810 que intentaron cambiar el sistema jurídico a uno que evitase los efectos no deseados del antiguo sistema jurídico basado en el Derecho Romano. Hombres como Rivadavia, Belgrano, San Martín y Alberdi –entre otros muchos- encontraron en Mitre y Vélez Sarsfield la misma reacción instintiva -y racional- de nuestros intelectuales y políticos que comenzó a frustrar el cambio revolucionario.

Para los hombres de Mayo el tema era Moral, es decir, contra intuitivo e inclusive contra racional.
El principio se basaba en que solo es posible una sociedad libre, igualitaria y fraternal si los recursos fiscales provienen de la renta fundiaria libre de mejoras, fundamento que traería aparejado la libertad es decir, el respeto irrestricto al fruto del trabajo del hombre “la propiedad privada”.

Durante cientos de miles de años la apropiación de la vida de terceras personas –la esclavitud- fue tan natural como lo es hoy la apropiación de la renta fundiaria.
En la Asamblea del año 1813, los hombres de Mayo abolieron la esclavitud; fue un acontecimiento moral, contrario al instinto y a la naturaleza humana. En los EE.UU. el cambio en la legislación civil que produciria la abolición de la esclavitud, desencadeno una Guerra Civil.

Compartimos con casi todos los animales el instinto de territorialidad, por lo tanto nos es natural la apropiación de la tierra y de su renta fundiaria.
Con la Ley de Enfiteusis, los hombres de la Revolución de Mayo, limitaron el instinto natural de apropiarse de los recursos naturales, fue otro acontecimiento moral.
Comprenderemos ahora el porque de las persecuciones que debieron soportar esos hombres. Podemos comprender también, el ocultamiento de estos temas en ámbitos académicos, en las Universidades y en los modernos Think Tanks a favor del antiguo sistema juridico romano de apropiación de la renta fundiaria.
La crisis financiera internacional es una magnifica oportunidad para poner en la mesa del debate la importancia del origen de los recursos fiscales y su influencia sobre la igualdad, la libertad, la fraternidad, el federalismo, la república, la productividad y la convivencia pacifica. Es nuestro deber como hombres de nuestro tiempo dar el debate y poner sobre la mesa los argumentos que debatían en la jabonaría de Vieytes, nuestros padres fundadores.

Hoy como ayer todo cambio de sistema jurídico, implica una revolución que deberá enfrentar al "status quo" de los intelectuales y de los intereses que defendiendo el paradigma dominante recurrirán a todo tipo de armas para rehuir el debate, frustrarlo y ocultarlo como se hizo durante casi 200 años en todos los ambientes académicos.

Copérnico esperó a morir para publicar sus obras, en la certeza que el nuevo paradigma –el heliocentrismo- le costaría la vida. Galileo sufrió en carne propia el costo de la revolución y solo su amistad con el Papa y con los Medici evito que ardiera en la hoguera.

Las grandes revoluciones políticas para implantar sistemas jurídicos positivos más ajustados a la necesidad del hombre (la Francesa de 1789, la Americana 1776 y la Argentina de 1810), contempladas desde la perspectiva de sus ideales, en gran medida han fracasado. Esto se aprecia claramente en la implementación de su sistema fiscal. En forma más o menos acelerada fue virando, con distinta fuerza y en distintos momentos, hacia un sistema de impuestos al trabajo, a la inversión y al consumo, tal como lo disponía el derecho antiguo y el ordenamiento jurídico romano, a los que las revoluciones modernas pretendían dejar atrás.

Voltaire acusa a los abogados como “los conservadores de la antigua barbarie romana” en la medida que fueron ellos por su formación académica en el Derecho Romano, los que dieron vuelta en la legislación, el principio fundante de la revolución de los modernos, a favor de un sistema romano de apropiación de la renta fundiaria. La maniobra se completo con el ocultamiento del tema en la historia, mediante la persecución de los autores liberales Clásicos en favor de lo que se llamaría la Escuela Neo Clásica -madre del neoliberalismo-.

La adhesión de Mitre a la Escuela Historiográfica Francesa y Alemana y la publicación de su Historia tenían como finalidad de ocultamiento y tergiversación de los principios fundantes de la Revolución. Comprendemos tambien hoy el encono de Mitre por evitar la publicación de las Obras Completas de Juan Bautista Alberdi. Las obras de Alberdi finalmente se publicaron pero sus palabras cayeron en saco roto y hoy Alberdi es un ilustre desconocido en los más altos ambientes académicos del Derecho en nuestro país.

Con la sanción del Código Napoleónico la Revolución Francesa seria puesta de rodillas, Francia perdida gradualmente su liderazgo y seria conducida a su intrascendente presente. En la Argentina, el Código Civil de Vélez tuvo el mismo efecto desbastador, al eliminar la ley de Enfiteusis de la Revolución, a favor de la apropiación de la renta fundiaria. El enfrentamiento entre los dos sistemas jurídicos antagónicos, el de la Revolucion plasmado en la Constitución de 1853 y el impuesto por el Código Civil produce la modificación de la Declaración de Derechos de la Constitución fundadora; la faena quedo concluida.
En EE.UU. al finalizar la conquista de tierras en la campaña al Oeste se desencadena la crisis del año 1914 y esta crisis desató la corrupción en la Ciencia Económica, como lo han demostrado en su trabajo Harrison y Geffny generando el neoliberalismo es decir un sistema jurídico que bajo un manto de libertad –por la abolición de la esclavitud y el ascenso de la democracia- desatiende el punto fundante del liberalismo, la tierra y continua con el antiguo sistema juridico romano.

El cambio que necesitamos esta en la historia de Occidente. Debemos reafirmar los principios de las tres grandes revoluciones de occidente frustradas por una suerte de contrarrevolución jurídica que impidió su concreción.
Debemos poner a la renta fundiaria libre de mejoras, como único sostén del Estado, en el centro del Sistema Jurídico, desplazando la apropiación de la renta fundiaria y eliminando todos los impuestos, en favor del respeto irrestricto a la propiedad privada. Entendiendo por "propiedad privada" exclusivamente a todos los bienes producidos por el hombre, desde los recursos naturales y con el auxilio del capital.

El orden económico surgido de ese sistema jurídico generará una sociedad libre, igualitaria, democratica y fraternal y la economía se convertirá en una verdadera ciencia que orbitara sin alteraciones, sin ciclos y sin fallas al servicio de la sociedad.

El fabuloso crecimiento de la China de hoy, se basa en las ideas de Rivadavia y de Belgrano que derrotadas en nuestra tierra, florecen en la más populosa de las Naciones.


DE NOSOTROS DEPENDE