domingo, 28 de junio de 2009

¿Por qué EE.UU. sí y nosotros no?

Con realción al articulo publicado en Financial Times "Argentina: LA SUPERPOTENCIA QUE NO FUE". y reproducido en http://elrelativismojuridico.blogspot.com/2009/06/argentina-la-superpotencia-que-nunca.html

Guillermo Grimau dice:
Emilio Ocampo, economista e historiador argentino, ha publicado un comentario al útilmo libro del director del Financial Times de Londres, Alan Battie ( La Nación, Enfoques, junio 28,2009). Critica Ocampo con especial énfasis el capitulo del libro en que el escritor británico se ocupa en comparar el formidable crecimiento de EE•UU con el fracaso de la Argentina luego de su espectacular progreso desde 1860 hasta avanzado el siglo XX. Este comentario motivó observaciones del profesor Hector Sadler remitidas al mismo diario. A continuación transcribimos la parte pertinente del escrito de Ocampo que motivara el comentario de Sandler, el que a continuación se transcribe.


Emilio Ocampo dijo:
Alan Beattie, uno de los editores del Financial Times , ha publicado un libro titulado False Economy: A Surprising Economic History of the World que ha despertado gran interés en Estados Unidos y Europa. Su principal conclusión es que el destino de una nación no está predeterminado sino que es producto de las buenas o malas decisiones que toman sus líderes, lo cual parece bastante obvio.
Respecto de la Argentina y los EEUU,hasta 1939 las semejanzas entre Argentina y Estados Unidos, según Beattie, "no eran superficiales ni ficticias".
Repite una historia que los argentinos conocemos bien: a principios del siglo XX, Argentina era uno de los 10 países más ricos del planeta y los millones de emigrantes italianos que se escapaban de la pobreza de su país no sabían si embarcarse rumbo a Nueva York o a Buenos Aires.
Pero a partir de la depresión de 1930, según Beattie, la trayectoria de Argentina y Estados Unidos comenzó a divergir tanto política como económicamente. La causa, en su opinión, fue que los líderes argentinos erraron sistemáticamente en su diagnóstico de la situación y aplicaron políticas desacertadas. En la década siguiente, mientras que Estados Unidos optó por Roosevelt y su New Deal, Argentina eligió la dictadura y el nacionalismo económico. A partir de entonces nuestro país entró en un período de declinación secular que nunca logró revertir.
Beattie cita una serie de estadísticas interesantes. En 1950 el ingreso per cápita de la Argentina era el doble que el de España y el triple que el de Japón. Veinticinco años más tarde, el ingreso per cápita de España superaba al de Argentina y el de Japón era tres veces mayor..
Aunque interesante, y seguramente revelador para los lectores habituales del Financial Times , el análisis comparativo de Beattie es bastante simplista y denota cierto desconocimiento de la historia de nuestro país. Contrariamente a lo que sostiene en el libro y en el artículo publicado en mayo, las diferencias entre Argentina y Estados Unidos a mediados del siglo XIX eran profundas y no desaparecieron con el paso del tiempo sino que se acentuaron.
La comparación que propone Beattie es una advertencia válida para los norteamericanos. Sin embargo, afirmar que a mediados del siglo XIX Argentina estaba en la misma situación que Estados Unidos y que hoy podría ser la principal superpotencia del planeta es un recurso efectista. Hubo semejanzas entre ambos países, pero desde su origen las diferencias eran demasiado profundas. Aun si nuestro país hubiera permanecido en la senda en la que lo puso la generación del ochenta, hoy se parecería más a Canadá o a Australia que a Estados Unidos. Pero Beattie nos recuerda dos cosas importantes. Primero, que la enorme oportunidad perdida por nuestro país durante la segunda mitad del siglo veinte fue consecuencia de los graves errores que cometieron nuestros líderes. Segundo, que el futuro está en nuestras manos (o nuestros votos).


Hector Sandler observó:

Muy oportuno es el comentario del economista Emilio Ocampo rescatando al esbozo de “vidas paralelas” de Alan Battie comparando las historias de EEUU y Argentina. El escrito del director del Financial Times, es un bosquejo en extremo simplificador. Sin embargo informa sobre estructuras iniciales de nuestra historia, con efectos en nuestra realidad actual, cuya falta de mención por parte de Ocampo y la mayoría de los intelectuales argentinos dificulta nuestra recuperación. Se omite siquiera citar al punto de arranque de la relación de Battie, decisivo para nuestra “constitución real”, pues configuró (y configura) nuestro ADN genético. Dice este autor: “Sin embargo hubo grandes diferencias en la forma en que sucedió el avance (hacia la frontera del Oeste) en ambos países. Norteamérica eligió el camino de parcelar nuevas tierras y entregarlas a individuos y familias, En la Argentina, en cambio, grandes extensiones de territorio fueran puestas en manos de unos pocos y ricos terratenientes.” Sobre el mismo tema agrega: “Ambos países se abrieron paso hacia el Oeste, los EEUU hacia el Pacífico, los argentinos hacia los Andes; pero no de la misma manera. Norteamérica a favor de los ocupantes; Argentina respaldando a los propietarios”. Comenta más adelante: “Los emigrantes europeos que habían huido (hacia la Argentina) huyendo de la aristocracia terrateniente, la reencontraron en el Nuevo Mundo”. Completa su descripción poniendo a la vista lo que afectaría a la raíz de nuestra democracia: “los propietarios (argentinos) consideraban con desdén la vida rural y la práctica de la agricultura” (no así de la ganadería). Y completa el cuadro con un pincelazo que ningún economista, ningún intelectual, debiera omitir si quiere explicar nuestro fracaso: “La exportación argentina en auge pudo haber mantenido su ritmo; pero la mayor parte del dinero ingresado fue capturado por los propietarios de la tierra, quienes en general lo utilizaron para importar bienes de consumo o para comprar más tierra.” Nada de esto ha merecido una cita ni el más mínimo comentario por parte de Ocampo. No es una excepción. ¿Será por qué en la Argentina, como proclama una antigua inmobiliaria de la Capital, se considera que “el mejor negocio de la Tierra es la tierra misma”? Sin duda que esta opinión encarnó en la época de la colonia. Se la intentó cambiar en la Revolución de Mayo de 1810. Revivió con la dictadura rosista y hoy pervierte y envilece al alma argentina. Desde los grandes terratenientes hasta los míseros habitantes de las villas de emergencia pasando de cabo a rabo por su exánime clase media. Es esta patología la que más importa conocer para “forjar nuestro destino”. Exponerla, es la responsabilidad moral de los intelectuales. Sin este esfuerzo la Argentina seguirá “cuesta abajo en la rodada” aunque haya elecciones como las que hoy se practican en todo el país. Héctor Sandler.