miércoles, 16 de febrero de 2011

LA DECADENCIA DEL IMPERIO ROMANO ILUMINA EL MISTERIO ARGENTINO Y LATINOAMERICANO



RAUL GIRBAU, economista.

El hoy llamado continente americano fue, en su momento, la “tierra prometida” para millones de seres humanos. Aquellos que en la Europa aristocrática de fundamento terrateniente no podían encontrar “un lugar propio bajo el Sol”.

Fue a partir del Siglo XVII y con creciente intensidad, facilitada por los nuevos medios de transporte, que millones de europeos arribaron a nuestras playas para hacer una vida digna de hombres libres, cimentada en su propio trabajo. Las inmensas pampas – en Norte y Sur del continente – se le ofrecieron como “tierras libres”, fundamento imprescindible para gozar de libertad en sociedad.
Esta disponibilidad de tierra es la base material necesaria para que cada uno sea económicamente libre. La otra base imprescindible es un gobierno que no deprede como ave de presa a los individuos que viven del fruto de su trabajo. En otras palabras, escasos impuestos y tierra barata es la clave. A esto se lo vio claramente en el poblamiento de América en el Siglo XIX.

Pero este fantástico desplazamiento de millones de familias de un continente a otro, de una región en extremo “culta” a otra groseramente “bárbara”, no fue, como muchos erróneamente creen, un accidente irrepetible. Es un hecho que se ha dado, se da y se dará una y otra vez que legiones de hombres se ven oprimidos por las condiciones de su orden económico, derivadas del derecho positivo que se les aplica.

Si el derecho positivo consigue que la tierra sea barata y los impuestos livianos, el flujo de humano se reiterará. Los hombres son imparables cuando sufren opresión y visualizan otra región en la que pueden gozar de los beneficios de la libertad. En modo terminante la libertad económica, base material de todas las demás. La enorme emigración de Europa a America en el siglo XIX, la actual de México a los EEUU o la de hace poco de Alemania Oriental (Republica Democrática alemana) a la Occidental, son todos hechos aislados que reflejan la esencia que acabamos de expresar.

Acaban de publicar este Blog un análisis del Gary North, en el que este autor cita – para analizar comparativamente la decadencia de Roma con la de los EEUU – a Salviano de Marsella. ¿Por qué clamaba este cristiano en el siglo VI dC? Por la decadencia de la antes brillante y culta ciudad, nacida democrática y republicana, para devenir – increíblemente – en clasista, opresora y decadente en todas las formas de vida.

¿Cuál fueron las causas?

Según North, los depredadores impuestos y tiene razón. ¿Pero por que los sucesivos gobiernos de Roma habrían de acorralar de tal modo a sus propios ciudadanos, minando las bases de su orden social? Obvio, como ocurre entre nosotros, para hacerse de recursos fiscales, castigando al trabajo, el comercio, la producción y el consumo. En Roma la creciente legión de “gente si recursos propios”, llevó a los políticos a forjar un Estado que comenzó por ser exactor y terminó siendo asistencialista. El derrumbe no fue provocado por una fuerza externa; sino por la putrefacción interna del orden social.

¿Por qué el gobierno de Roma habría de actuar en forma tan ruinosa? Porque había dictado con anterioridad – desde la Ley de las XII Tablas (400 aC) - un “derecho de propiedad del suelo” que además de permitir su explotación (lo cual es correcto) – y esto otro fue el cáncer – facilitaba a unos pocos dueños de la tierra ser inmensamente ricos a costa que millones de sus compatriotas se volvieran cruelmente pobres. Miserables. Tal como los describe en condición de veraz testigo de su tiempo el sacerdote cristiano Salviano.

¿Acaso no explica el “caso romano” lo que ocurre con nosotros en el Siglo XXI? Lo explica cuando se advierte que los argentinos de la prosperidad decimonónica, en 1869, adoptaron como “ley civil” el derecho romano de propiedad sobre la tierra. Con esta visión (que se calla en las Facultades argentinas) todo comienza a aclararse.

A la prosperidad de fin del siglo XIX derivada de una tierra barata y bajos impuestos, por obra aquella ley civil (ver nota al art 2593 C.C.) la renta de pocos propietarios se agigantó.

Los hermosos palacios sitos en la Capital Federal lo prueban. Pero al no tomarse recaudo alguno, como en Roma, los recursos para el Estado eran insuficientes. Así, llevados de la mano por ese ruinoso sistema, en 1930 en lugar de hacer lo necesario (recaudar la renta del suelo), se actuó al revés: se creo el derecho positivo gravando al trabajo (Ley de Impuesto a los Réditos). En modo creciente y sin parar se fue gravando el trabajo, el comercio, la producción y el consumo. Desde entonces las historia argentina es un calco abreviado de la de Roma.

Colaborando con el Blog les hago llegar un fragmento de una de las obras testimoniales de Salviano. El lector preocupado puede apelar al Wikipedia y a este Blog para ilustrase sobre lo que ese valioso cristiano testimonió y, Dios lo quiera, le sirva de inspiración para pensar políticamente sobre nuestros males y en favor de la recuperación de nuestra pobre patria.



SALVIANO DE MARSELLA, Fragmento de DE GUBERNATIONE DEI
En estos tiempos ( c. 500 dC) los pobres son arruinados, las viudas gimen, los huérfanos son pisoteados; tanto que la mayoría de ellos, nacidos en familias conocidas, y educados como personas libres, huyen a refugiarse entre los enemigos [los bárbaros] para no morir bajo los golpes de la persecución pública. Sin duda buscan entre los bárbaros la humanidad de los romanos, puesto que no pueden soportar más entre los romanos una inhumanidad propia de bárbaros.
Y aunque sean grandes las diferencias respecto a aquellos entre los cuales se refugian, sea por la religión como por la lengua e incluso, si se me permite decirlo, por el mal olor que exhalan los cuerpos y los vestidos de los bárbaros, ellos prefieren no obstante sufrir entre aquellos pueblos tales diferencias de costumbres, que padecer la injusticia desencadenada entre los romanos.
Ellos emigran, pues, de todas partes y se dirigen hacia los godos, hacia los bagaudes o hacia los otros bárbaros que dominan por doquier, y no se arrepienten en absoluto de haber emigrado. En efecto, prefieren vivir libres bajo una apariencia de esclavitud que ser esclavos bajo una apariencia de libertad.
1. Para la presente traducción se han valido del texto crítico del De gubernatione Dei, editado con traducción al francés en SALVIEN DE MARSEILLE, Oeuvres, II, (=Sources Chrétiennes n. 220), París 1975. Traducción, introducción y notas de Fr. Ricardo W. Corleto

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