viernes, 20 de julio de 2012

LA FRUSTRACION ARGENTINA


LA IGNORADA RAIZ DE LA FRUSTRACION SOCIAL ARGENTINA

Héctor Sandler, Profesor Consulto, Derecho, UBA

Acaba de escribir con sincera angustia Aldo Neri un articulo sobre la Argentina a la que considera “Un país desigual y asimétrico” (La Nación jul.19, 2012). En lo sustancial comienza con esta frase: “El hecho está ahí, innegable: la Argentina es un país concentrado y, lo que es peor, con una hasta ahora irreversible tendencia a seguir concentrando todo: poder político, población, riqueza, beneficios sociales, oportunidades culturales. Esto no quiere decir que no haya cierto desarrollo interior, pero su ritmo es incomparablemente menor que la inexorable fuerza centrípeta que nos atrapa”. Se abstiene Neri de dar cifras. Pero ellas son muy necesarias para comprender esa insensata “tendencia a la concentración”. Gracias al trabajo realizado, entre otros institutos, por la Fundacion Metropolitana , disponemos de algunas esenciales.

En la pequeña área “metropolitana” (ciudad de Buenos Aires más los partidos de la provincia aledaños) tiene una superficie que frisa los 13.000 km2. Sobre ella habitan y trabajan 14 millones de personas. Esto significa que en el 0.46 % del territorio continental argentino se concentra el 35 % de la población. Lo hace a una densidad media de unos 1000 h/km2 (¡10 veces la densidad media de Europa!). Pero en nuestro país hay otras “medias”. Por ejemplo la de la Ciudad de Buenos Aires ella alcanza (durante la noche) a unos 15.000 h/km2. Media muy inferior a la que se da en varios lugares de la ciudad, como en la Villa miseria 11/14 habitada a razón de unos 45.000 h/km2.

Para tener a la vista nuestra catastrófica deformación demográfica hay que describir otro de sus lados. El llamado “interior” del país (esto es el total de nuestro territorio menos esos 13.000 km2) ha de rondar en los 2,780.000 km2. En esa vastísima región viven 26 millones de personas que totalizan así los 40 millones de argentinos a la fecha., La densidad media (aritmética) en este “interior” es de aproximadamente 1 h/10 km2. Repito: (Un habitante cada 10 km2). Aunque parezca increíble, desde el punto de vista demográfico, se mantiene en existencia el “desierto” que era el país en los 1860. Obsérvese que he hablado de densidad aritmética y no geográfica, Esta es peor. El “hacinamiento” es general en todo el país, aun en el vacío “interior”. Así lo refleja el último censo. El 85% de nuestra población es “urbana”. En números enteros ese porcentaje significa que alrededor de 34 millones viven en “urbes”. Siendo muy cautelosos en el cálculo de la superficie que ocupan esas “urbes” (plagadas de villas miseria) en total no han de alcanzar los 100.000 km2, Un caso realmente patológico si se tiene en cuenta la calidad, la planicie y feracidad de nuestro territorio; la suavidad de nuestro clima y la abundancia de fuentes acuíferas. Para explicar esta patología argentina no basta la “geopolítica”. Hay que dominar los efectos del derecho para acceder a la tierra y en especial del Derecho romano de propiedad del suelo en la historia de los países que lo han adoptado. Portugal, España, Italia y Grecia (los actuales sufrientes “PICS”) se rigen por ese Derecho. Su debacle debiera inspirar mucho más a los economistas y políticos sobre la importancia del derecho a la tierra en la constitución del orden económico y la paz social. Ella es sin duda alguna, la base material de la vida humana y del progreso o la causa del fracaso del orden social como un todo.

Es interesante subrayar que los números tienen mucho tienen que hacer aquí para lograr una recta comprensión y explicación de la realidad. Aldo Neri, como anticipamos, no se ocupa de cifras. Por ello si bien su articulo es valioso como presentación de síntomas, nos deja huérfanos de explicaciones verificables por los hechos: Acierta cuando dice que “el Estado nacional; centraliza y aumenta la conflictividad social y política en Buenos Aires: lo que pasa en el área metropolitana de Buenos Aires le pasa a la Argentina, lo demás son rumores lejanos. Y dejo aparte – continua - una consecuencia que merece aclaración adicional: convierte al federalismo, y a su inspiración de sana descentralización, en una mera retórica jurídica. Una supuesta autonomía que no se apoye en un cierto grado de desarrollo de la economía local y financiación propia es ilusoria y sólo cosecha sus propios defectos.”

La descripción es correcta. Pero la geografía humana que hemos descripto con números no cuenta en su análisis.¿Acaso, entonces, algún demiurgo obrará desde las sombras del Averno para que los mejores proyectos individuales y colectivos fracasen en la Argentina?.

Uno tiene que sospechar que Neri incurre o hace incurrir, involuntariamente, en ese tipo de tesis conspirativa. La sospecha surge cuando trae a colación, como ejemplo de nuestros reiterados fracasos, el fallido intento destinado a asentar a la Capital de la republica en las cercanías de Viedma durante la presidencia de Raúl Alfonsín, Dice textualmente: “todo sistema social en su madurez ha consolidado grupos de interés predominantes, y esta Argentina asimétrica ha consolidado los suyos y los protege de todo intento de reforma, aún inconscientemente…, El diagnóstico no es nuevo, con mayor o menor brillantez lo han señalado valiosas voces intelectuales y políticas a lo largo de décadas. Los gobiernos lo han dicho muy poco, abrumados por la contingencia o tentados de ejercer el poder unitario. Quien fue más lejos en la vocación de cambio fue Alfonsín, con su intento de convertir el traslado de la capital de la República en símbolo de un proceso descentralizador no sólo del Estado, sino de la economía y de la población, pensando una Argentina futura más armoniosa e integrada, como la piensan sólo los estadistas, que él lo fue:”.

Ni una palabra dice Neri sobre el fenómeno básico que paró en seco tan buen proyecto. Además es preciso recordar que fue mucho mas que un “proyecto” ya que se dicto en toda su regla la ley para establecer allí la nueva capital de la Republica. Aldo Neri no aclara sobre cuales fueron los “grupos de interés predominantes” que le dieron el “knok out” a esa ley. Trataré de aclararlo, no para reconsiderar ese proyecto, sino para poner en claro algo mucho mas importante. El “grupo de interés” que frustró el traslado de la Capital es el mismo que produce el hacinamiento urbano antes descripto, la escandalosa deformación demográfica y que mantiene a la Argentina – como orden social - en estado ruinoso. El “grupo de interés” que causa tantos males es todo el pueblo argentino. Por la sencilla (pero grave) cuestión que la mentalidad colectiva, el “Volkgeist” de Argentina paga el precio de un pensar esquizoide : pretende logros políticos y económicos muy ponderables al mismo tiempo que ha dictado y sigue dictando para sí una legislación que torna de imposible cumplimiento esas nobles aspiraciones.

Para no quedarnos en lo abstracto traigo a colación un pequeño gran hecho ocurrido en ocasión de tratarse la ley de marras. Me refiero a las declaraciones hechas a un semanario de Buenos Aires por un ignaro personaje rionegrino. Era un modesto vecino de Viedma propietario o poseedor treintañal de una insignificante isla ubicada en medio del río. Enterado por el periodista que la nueva Capital de la republica se asentaría en ese lugar, muy suelto de cuerpo declaro;”Si deciden expropiar mi isla tendrán que pagarme, como mínimo, un millón de dólares”. La foto lo mostraba medio en cueros y con mala traza, lo que probaba a las claras que era un hombre común. Un cabal ciudadano argentino, pues como tal sabía que en este país la tierra es un “bien de comercio” y que suele ser el “mejor negocio en toda la Tierra”. Y tienen razón. No piensan así por ser malos ciudadanos sino porque la experiencia general fundada en las leyes positivas los ha educado para sentir que el derecho a la propiedad sobre el suelo es algo inefable. Lo fue para los antiguos estancieros y lo sigue siendo para todos, incluso para los habitantes de la Villa m11/14. Saben y sienten en lo mas intimo que “especular” con la tierra es provechoso y propio de hombres previsores. La contrapartida es que con tal sentimiento hunden al Titanic en el que viajan añorando la prosperidad.

El Código Civil por un lado y las leyes de impuestos por el otro forman el iceberg contra el cual choca la Argentina. Dejemos y aceptemos el derecho de propiedad sobre la tierra. Pero si se opta por esta vía de “ordenamiento” social, necesariamente hay que dictar un especial sistema de recursos para el Estado Es suicida que en lugar de tomar en consideración a la “renta del suelo” como hecho imponible, se dicten leyes que tienen en la mira al trabajo, a la producción y al consumo. Aquel olvidado isleño no pudo hacerse millonario como soñó. Dictada la ley de ubicación de la nueva Capital muchos tuvieron el mismo sueño y los desvaríos especulativos con la tierra echaron a pique la ley. Una lección de la vida argentina que la casi totalidad de nuestros intelectuales y políticos ignoran.
Buenos Aires, Julio 19 del 2012

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