lunes, 28 de noviembre de 2016

Detrás del hacinamiento, el genocidio continua.

LA GRIETA ARGENTINA  Y LA ECONOMÍA VERDE .

RESPUESTA a  Iniciativa para una Economía Verde, de las Naciones Unidas (PNUMA)

Héctor Sandler, Profesor Consulto, Derecho, UBAPrograde las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
Simpatizo con vuestra causa y apoyo a todos aquellos que preocupados por la degradación a que es sometida la Naturaleza actúan para lograr un modo de vivir humano más coincidente con el mundo terreno que una vez nos fuera encomendado como reino. Un nuevo mundo en que debíamos vivir bajo el mandato divino de crecer y multiplicarnos, con la implícita condición de replicar aquí, en la Tierra, el Eden del que fuéramos expulsados. ¿Pero como conciliar dos aparentes contrarios mandatos: a) de propagar nuestra especie y b) cuidar de las otras, por Dios creadas? El movimiento Economía Verde, al que apoyo, a la luz de sus documentos y propuestas pone su acento en la segunda manda de Dios. Pero de un modo no fácilmente comprensible no atiende y escasea en recomendaciones acerca como debe ordenarse la sociedad humana, en cada país, para que la Naturaleza no sea degradada. Me permito adelantar que, a mi juicio, allí donde una sociedad humana no acierte a ordenarse ella misma conforme a los mandatos de Dios, mal podrá cuidar del resto de la Naturaleza. Con el propósito de contribuir a los fines del movimiento Verde, limitándome solo a mostrar los defectos de mi sociedad, la argentina, poseedora de una de las regiones más uberrimas de la Naturaleza, escribo las líneas que siguen. Mi finalidad es ayudar a tomar conciencia que la Economía Verde solo lograra concretar sus nobles ideales si, y solo si, empieza por examinar las causas por las cuales quienes tienen por mandato "custodiar a la Naturaleza , aciertan a ordenarse según correctas leyes que para ellos mismos se dicten, para ordenar sus sociedades según las mandas de Dios. Ruego que mi escrito no sea tomado como impertinencia y ayude a ampliar vuestro valiosos objetivos. 
1. La  realidad demográfica argentina sobre la mesa. 
Si de modo principal se tienen en cuenta los factores “número” y “densidad” debe decirse que en nuestro país existen 2 Argentinas. Por un lado la Argentina/urbana , pocas ciudades dominadas por el asfalto gris, ensombrecidas por el hacinamiento en zonas de relativo bienestar, rodeadas y penetradas por miles casuchas de lata y cartón, con abundancia "casas tomadas" en las que falta hasta el aire para respirar. en las que la gente mas pudiente busca el azul del cielo encimando pisos sobre pisos.formada por el 85% de la población según último censo. Sobre 40 millones son unas 34 millones de personas. Ellas habitan en la Ciudad de Buenos Aires, el gran Buenos Aires, capitales de provincia, ciudades y pueblos con mas de 2000 habitantes. Se puede conjeturar que la superficie territorial ocupada por los “urbanos” no supera, ni de lejos, los 34.000 km2. Aceptando a modo de hipótesis esta cifra, la densidad media de la “Argentina/urbana” oscila alrededor de 10.000 h/km2.
2. Junto a la anterior hay una Argentina/desértica . Es el 15% de la población que vive en unos 2.766.000 km2 . Surge de restar a los 2.800.000 km2 de nuestro territorio continental los 34.000 km2 “urbanos” . La densidad media no alcanza en esta otra inmensa Argentina a 2 h/km2. Un gran geografo alemán probó con hechos de la historia que el mínimo de densidad necesaria para que emerjan rudimentos de una “civilización” son unos 12 h/km2. Desde este punto de vista, en mas del del 99% del territorio argentino el tipo de vida es “prehistórico”.
3. El problema social menos considerado en la Argentina
Reconocer
 la realidad de 2 Argentinas ( la poblada y la desértica) es clave para entender muchos graves problemas que nos aquejan y abrir nuestras cabezas para pensar qué hacer para lograr una sociedad demográficamente equilibrada. La disyuntiva sarmientina “civilización a barbarie” y la sentencia alberdiana “gobernar es poblar”, siguen tan vigentes como lo estaban al promulgar la Constitución Nacional 1853/60. Solo que los graves problemas de “orden social” que derivan de ese enorme desequilibrio demográfico son mucho más difíciles de resolver hoy que hace un siglo atrás. Lo más grave del caso es que este enorme desequilibrio no es percibido como problema, cuando de hecho es el generador de constantes conflictos latentes y abiertos que estancan nuestro desarrollo general en perjuicio de todos los habitantes.
4. Un mal antiguo que se agrava aceleradamente. El señalado desequilibrio es hoy peor que en la etapa de la Organización Nacional pues mientras el desierto de aquel entonces no ha cedido han emergido en las zonas pobladas hacinamientos urbanos entonces inexistentes. Entre esas poblaciones hacinadas suele, a veces, mediar gran distancia; pero solo en esta separación entre ellas pueden ser tomadas como oasis en el desierto prevaleciente. Cuando uno llega al gran Buenos Aires, al gran Rosario o al gran Córdoba, para citar los ejemplos mas conocidos pero no únicos, lejos esta de encontrarse con un oasis. Con lo que choca es con reales aglomeraciones humanas que sufren una verdadera de patología social. Aglomeraciones de edificios y de millones de personas fuertemente masificadas que han perdido no solo la condición sino el sentimiento mismo de vecindad. Es en ellas donde germinan y persisten de modo constante focos de incendios sociales, los que cuando estallan consumen bienes y vidas humanas. Por su forma de ser aun en momentos de aparente tranquilidad la aglomeración hace de los individuos solo miembros de grupos de gente, con lo que se enervan las ya debilitadas energías de la sociedad argentina. 
Los oficiales promedios de densidad asignados a la Argentina en la literatura corriente no reflejan la dramática realidad que sufre nuestra sociedad. Ni siquiera permiten atisbar a su través nuestro mayor problema de orden social necesitado de urgente atención. 
Este problema radical se puede enunciar en dos preguntas esenciales:
1º) ¿qué ha causado esta deformación demográfica? 
2º) Cómo eliminar los actuales hacinamientos y a la vez poblar ordenadamente nuestro inmenso desierto?
Es el más difícil de nuestros problemas políticos. Pero mientras no se tome conciencia viva de su existencia y se actue para resolverlos, fracasaran todas las políticas de gobierno aplicadas a resolver , no ese problema fundamental , sino de los millares y variables efectos derivados de su destructiva existencia.
Empecemos por bosquejar la realidad para despertar la conciencia dormida de los dirigentes y la ciudadanía.
5. El terrible hacinamiento de los pobres. La información diaria da cuenta de graves y crecientes problemas sociales en la Argentina/urbana. Para registrar la dinámica conflictiva que existe en esta sección –basta con leer en los periódicos y ver en la televisión las noticias sobre el incremento de la delincuencia más burda y la constante cadena de conflictos, individuales y colectivos, que emergen cada mañana borrando de la retina el que estallara la semana anterior. Estos primeros días de Diciembre han sido suficientemente mostrativos del mal que nos preocupa. Pero ese dinámica violencia responde a una realidad estructural no del todo ignorada, aunque mal entendida y peor atendida. Todos saben de los inhumanos hábitat que proliferan en toda ciudad relativamente grande. Son los denominados conventillos, villas de emergencia, casas ocupadas, toldarías provisorias, primitivas "taperas" hechas con mantas sobre veredas y paseos públicos, etc.
6. La pseudo verdad de la aritmética . Se sostiene, por ejemplo, que la densidad de la población en la CABA es de alrededor de 15.000 h/km2 (3 millones viviendo sobre 200 km2). Este dato no sirve para nada y menos para reconocer nuestro principal problema social. La densidad real en cada lugar está lejos de esa uniformidad estadística. Fluctúa a saltos de un punto a otro dentro de cada ciudad. Así, por ejemplo, en la “villa 11/14” ubicada en la CABA la densidad real es tres veces la media aritmética oficial. Sobrepasa los 45.000h/km2. Estos niveles de densidad impiden una sana vida humana y el desarrollo de indispensables virtudes sociales, que ninguna instrucción escolar – cuando existe b- puede suplantar. Estos “asentamientos” se repiten en muchos lugares de la Capital, en el gran Buenos Aires y en todas las capitales de provincia e incluso en las ciudades menos pensadas. Cada día aparece un nuevo asentamiento de este tipo sin que haya desparecido ninguno de los anteriores. Esto prueba de la existencia de un mal crónico, producido – anticipémoslo desde ya - por una mala conjunción existente en nuestro derecho positivo vigente entre dos materias: el derecho de propiedad sobre la tierra y el derecho impositivo.
7. Hay también  hacinamiento de los “no pobres”. Si la densidad en las villas y asentamientos semejantes hace que la vida sea inhumana, casi horrible, desde cierto punto de vista no lo es menos en los sectores “no pobres” de las ciudades. En una gran cantidad de casos , a pesar de las apariencias, la calidad de vida llega igualmente mala cuando no peor. El régimen de la Ley 13.512 creando el derecho real de propiedad horizontal ha rebajado la calidad de vida en forma inaceptable. Este es el peor invento legal argentino. Apilar los hogares de las familias como si fueran cosas ha arruinado la vida ciudadana. En barrios habitados por personas con mejores ingresos, sobre cada hectárea, se edifican (en promedio) alrededor de 10 edificios de 10 pisos cada uno sobre cada lado del cuadrado llamado “manzana”. Podemos ejemplificar este fenómeno diciendo que hay barrios en los que en cada manzana hay alrededor de 40 edificios construidos bajo régimen de propiedad horizontal. Si suponemos cada piso contiene 3 departamentos el total de éstos por manzana es de 120 departamentos. Habitados cada uno por una “familia tipo” (4 personas) la población sobre cada hectárea alcanza a casi 500 personas. La densidad en este caso es de 50.000 h / km2. Más alta que en las villa miserias mas numerosas de la Capital. Aunque pintado de rosa y con “moñitos del mismo color” el fenómeno del hacinamiento urbano se repite aqui. Hay aun otro efecto peor: la acumulación de edificios aumenta la renta del suelo, que en la Argentina pagada principalmente por los trabajadores. Digo: los salarios son castigados por el creciente valor de la tierra, que se traduce en cada vez más elevados precios de la necesaria casa o departamento y del alquiler para los que no pueden comprarlo.
8. Nuestra pocas ciudades  agobian a nuestros habitantes. Hasta aquí solo hemos dado datos estáticos del hacinamiento. La dinámica de la vida moderna multiplica exponencialmente los efectos de esos datos. Piénsese entre otros los siguientes: la permanente necesidad reconstituir calles, veredas y caminos, el deplorable estado de los transportes ferroviarios, el costo del transporte automotor, la congestión en los lugares de trabajo y en los centros comerciales, la falencia de servicios públicos, etc. Con esto. se tendrá solo una primera imagen de esta agobiadora dinámica ciudadana. No se necesita mucha estadística para conocerla. Se la sufre todos los días del año. Hay que comparar el tipo de vida en este tipo de ciudades argentinas dominadas por el hacinamiento, con la vida que se suele disfrutar en algún subsistente “pueblito del interior” o en los aislados “countries” lejos del “infierno” de la ciudad. Estos lugares que en las grandes ciudades argentinas son “islas privilegiadas” son, llamativamente, el modo regular de ser y de vivir en pueblos y ciudades de otros países. Valga como ejemplo la forma de vivir en países como Austria o Dinamarca, Canadá o Nueva Zelandia, para citar solo algunos casos. ¿Qué cosa diferencia a ellos de nosotros? Se suele decir ,demasiado ligeramente , la “cultura”. Es verdad, pero parcial. Lo que más nos diferencia es el derecho positivo en materia de propiedad del suelo y el que establece el sistema de impuestos.
CONCLUSIONESSi emerge el hacinamiento por aglomeración de gente en superficies insignificantes cuando el país posee un vastísimo territorio, dotado de enormes recursos naturales , un benéfico clima y ha sido poblado por quienes abandonaron sus patrias europeas para forjarse su porvenir mediante el trabajo, el ahorro y la inversión de capital, la causa de aquellos malos efectos han de ser buscados, sin hesitación, en el derecho positivo. En el caso argentino no es la economía la causa del actual desorden, ni los constantes conflictos sociales. Aquella y éstos son los amargos frutos de un venenoso derecho positivo. Hay que reemplazarlo por otro conforme a los fines y métodos promulgados por la Constitución 1853/60 aun vigente. .
Buenos Aires, noviembre 27 de 2016

1 comentario:

PAUL M. MELENDI dijo...

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