domingo, 15 de diciembre de 2013

LA CORRUPCION DE LAS CIENCIAS



“Pecadores somos todos, los pecados se perdonan,
la corrupción no” Papa  Francisco


Y si la ciencia no es eso que tú crees…

El último Nobel de Medicina critica la “tiranía” de las revistas especializadas en la carrera investigadora
Las publicaciones defienden su seriedad
Clase de anatomía de Santiago Ramón y Cajal (centro) en 1915. / ALFONSO

Nuestro mundo se rige por la ciencia en mayor medida de lo que creemos. Un gobernante puede creer que su raza —o su aldea, ya puestos— es superior a las demás, pero no podrá salirse con la suya sin una ciencia independiente y de calidad que lo apoye; un magnate pagará un montón de dinero para hacer creer a la gente que su pasta de dientes, su fuente de energía o sus medios de comunicación son superiores a los demás, pero fracasará si no puede aportar evidencias científicas. Los alimentos que comemos, la información que creemos y los medicamentos que tragamos dependen crucialmente de una ciencia solvente, honrada y evaluada con criterio y transparencia.¿La tenemos?
El último premio Nobel de Medicina, Randy Schekman, cree que no. Y no se engañen: la mayoría de los galardonados con esa cima de las distinciones científicas dedican su visita a Estocolmo a mayor gloria de sí mismos, o simplemente a hacer turismo. Schekman ha preferido montar un pollo, y uno bien importante, si hemos de ser justos. En una columna publicada por The Guardian y reproducida íntegramente bajo este artículo, Schekman sostiene que las revistas científicas de élite, en particular Nature, Science y Cell, distorsionan el proceso científico o, peor aún, ejercen una “tiranía” sobre él que no solo desfigura la imagen pública de la ciencia, sino incluso sus prioridades y su funcionamiento diario.
El premiado dice que no publicará más ‘papers’ en estas cabeceras
Para reforzar su punto de vista, el premio Nobel —que recogió ayer su galardón en la capital sueca— ha anunciado su decisión solemne de no publicar nunca más en Nature, Science y Cell, las tres revistas científicas con más índice de impacto, una medida de su influencia en otros científicos. Schekman admite que ha publicado todo lo que ha podido en esas tres revistas, incluidos los papers (artículos técnicos) que le acaban de valer el premio Nobel. Pero que, ahora que se lo han dado, ya no va a publicar más ahí.
Su intención es denunciar —con unas dosis de autocrítica que se echan de menos en la clase política y otras— las distorsiones que esas grandes editoriales científicas ejercen sobre el progreso del conocimiento. Schekman denuncia que la admisión de un texto puede estar sujeta a consideraciones de política científica, presiones o incluso contactos personales.
Schekman ha fundado su propia revista electrónica, eLife, una de las publicaciones científicas “en abierto” que pretenden estimular una nueva era en la evaluación, presentación y divulgación del progreso científico, o una ciencia tres punto cero.
Dos de los tres objetivos prioritarios de Schekman. Las revistas Nature y Science, son premio Príncipe de Asturias de las ciencias. Pero hay otro galardonado con el mismo premio, el biólogo Peter Lawrence de la Universidad de Cambridge, que no solo apoya a Schekman, sino que viene sosteniendo posturas similares desde hace 10 años. “Este asunto viene de lejos y se ha ido volviendo peor en los últimos años”, dice a EL PAÍS desde Cambridge.

Denunciar las distorsiones de las editoriales sobre el avance del saber
Lawrence y otros científicos han escrito artículos en las revistas científicas y presentado quejas ante los centros de decisión, pero no han logrado gran cosa, ni siquiera elevar el tema a la opinión pública. El científico de Cambridge se confiesa contento de que Schekman haya aprovechado su premio Nobel para remar contra corriente e intentar empujar lo que considera una buena causa. La autocrítica es inmanente a la ciencia: es lo que mejora sus experimentos y teorías, y lo que puede mejorar sus formas, su financiación y su comunicación pública.
“Muchos investigadores son plenamente conscientes de cómo la evaluación del trabajo científico y su tasación por los burócratas está asesinando la ciencia”, dice Lawrence con característica elocuencia. “Por supuesto que todos somos culpables de haber representado nuestro papel, y así lo admite el propio Randy (Schekman); pero es bueno que esté utilizando su premio Nobel para publicitar sus opiniones, y espero que ello incremente la percepción pública de por qué la ciencia ha perdido su corazón”.
Lawrence escribió un artículo de referencia sobre este asunto hace diez años, curiosamente en la propia revista Nature. “Cuando lo escribí en 2003, recibí casi 200 cartas, en su mayoría de jóvenes que sentían que los sueños que les habían llevado a convertirse en científicos habían sido rapiñados; el punto principal, entonces y ahora, es que los artículos científicos se han vuelto símbolos para el progreso en la profesión científica, y los verdaderos propósitos de comunicación y registro están desapareciendo”.
Otro científico relevante que apoya la protesta del Nobel Schekman es Michael Eisen, profesor de la Universidad de California en Berkeley y uno de los fundadores de Public Library of Science (PLoS), la primera y principal colección de revistas científicas publicadas en abierto, y con una voluntad de transparencia que les ha llevado, por ejemplo, a hacer pública la identidad de los dos o tres científicos, o reviewers, que revisan los manuscritos y deciden sobre su publicación.

El biólogo Peter Lawrence lleva 10 años protestando por esto mismo
“Lo que ha dicho Randy (Schekman) es importante”, dice Eisen a EL PAÍS. “Si otros científicos siguieran esa vía, podrían enmendar muchos problemas de la comunicación científica en un solo movimiento”. Pero el investigador y editor no alberga grandes esperanzas: “Hablando como alguien que ya abandonó esas revistas (Nature, Science y Cell) hace 13 años, y que ha estado intentando convencer a sus colegas para que hagan lo mismo desde entonces, me temo que la estructura de incentivos que Randy denuncia es tan poderosa y ubicua que ni siquiera el liderazgo de un premio Nobel tan brillante y respetado podrá disolverla”.
Eisen no cree que un boicot a esas tres revistas de élite sirva de mucho. “Si realmente queremos arreglar las cosas”, concluye, “necesitamos que todos los científicos ataquen el uso de las publicaciones para evaluar a los investigadores, y que lo hagan siempre que tengan ocasión: cuando contraten científicos para su propio laboratorio o departamento, cuando revisen las solicitudes de financiación o juzguen a los candidatos a una plaza”.
Este diario ha solicitado su perspectiva a los editores de Nature, Science y Cell, los principales objetivos de los dardos de Schekman. Lo que sigue son sus respuestas.
“Si otros científicos siguieran esta vía se podría enmendar”, dice Michael Eisen
“Nuestra política de aceptación no se rige por consideraciones de impacto”, dice a EL PAÍS Monica Bradford, editora ejecutiva de Science, “sino por el compromiso editorial de proveer acceso a investigaciones interesantes, innovadoras, importantes y que estimulen el pensamiento en todas las disciplinas científicas”. La revista Science, prosigue explicando Bradford, se publica por la AAAS (Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, siglas en inglés), que es una organización sin ánimo de lucro, “y trabaja duro para garantizar que la información científica revisada por pares se distribuye al mayor público posible”.
Las revistas de primera fila reciben tal cantidad de manuscritos cada semana que, por simples consideraciones materiales, tienen que rechazar cerca del 90% de esos trabajos. La cuestión sería un mero dilema editorial si no fuera porque la carrera de cualquier científico, sobre todo de los jóvenes, depende estrictamente del número de publicaciones que consiga con su investigación, en particular en las grandes revistas de más impacto. Pese a ello, Bradford asegura que “los presupuestos para el número de páginas y los niveles de aceptación de manuscritos han ido de la mano históricamente; tenemos una gran difusión, e imprimir artículos adicionales tiene un gran coste económico”.
Emilie Marcus, editora de Cell, comenta más específicamente sobre el desafío del Nobel Schekman. “Desde su lanzamiento hace casi 40 años”, dice, “la revista Cell se ha concentrado en una visión editorial fuerte, un servicio al autor de primera fila en su clase con editores profesionales informados y accesibles, una revisión por pares rápida y rigurosa por investigadores académicos de primera línea, y una calidad sofisticada de producción”.
“La razón de ser de Cell”, prosigue Marcus, “es servir a la ciencia y a los científicos, y si no logramos ofrecer esos valores a nuestros autores y lectores, la revista no prosperará; para nosotros esto no es un lujo, sino un principio fundacional”.

Obsolescencia programada from rubens il gallego canalla on Vimeo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

LA GRIETA: dos Países una Nación




Héctor Sandler, Profesor Consulto, Derecho, UBA

Ningún factor es más decisivo (para el buen orden social y el bienestar de sus miembros)  que el tamaño social, tal como lo expresan el número (cantidad de habitantes) . la densidad (habitantes /km2) , la integración (articulación de aspiraciones y esfuerzos) y aceleración demográfica (crecimiento anual de la población necesaria)”
Leopold Kohr, El superdesarrollo (Los peligros del gigantismo)

Nuestra realidad demográfica sobre la mesa
1. Si de modo principal se tienen en cuenta los factores “número” y “densidad” considerados por Leopòld Kohr, debe decirse que en nuestro pais existen 2 Argentinas. Por un lado la Argentina/urbana , formada por el 85% de la población  según último censo.  Sobre  40 millones son unas 34 millones de personas. Ellas  habitan en la Ciudad de Buenos Aires, el gran Buenos Aires ,  capitales de provincia , ciudades y  pueblos con mas de 2000 habitantes. Se puede conjeturar que la superficie territorial ocupada por los “urbanos” no supera, ni de lejos, los 34.000 km2. Aceptando a modo de hipótesis esta cifra,  la densidad media de la “Argentina/urbana” oscila alrededor de 10.000 h/km2.

2. Junto a la anterior  está  la Argentina/desértica .  Es el 15% de la población que vive en unos  2.766.000 km2 . Surge de restar a los  2.800.000 km2  de nuestro territorio continental  los 34.000 km2 “urbanos” . La densidad media no alcanza en esta otra inmensa Argentina a 2 h/km2.  Un gran geografo aleman probó con hechos de la historia que el mínimo de densidad necesaria para que emerjan rudimentos de una “civilización” son unos 12 h/km2. Desde este punto de vista, en mas del del 99% del territorio argentino el tipo de vida es  “prehistórico”.

El problema social menos considerado en la Argentina
3. Reconocer la realidad  de 2 Argentinas ( la poblada y la desertica) es clave para entender muchos graves problemas que nos aquejan  y abrir nuestras cabezas para pensar qué hacer para lograr una sociedad demográficamente equilibrada.   La disyuntiva sarmientina “civilización a barbarie” y la sentencia alberdiana “gobernar es poblar”, siguen tan vigentes como lo estaban al promulgar la Constitución Nacional 1853/60. Solo que los graves problemas de “orden social” que derivan de ese enorme desequilibrio  demográfico son  mucho más difíciles de resolver hoy que hace un siglo atrás. Lo más grave del caso es que este enorme desequilibrio no es percibido como problema, cuando de hecho es el generador de constantes conflictos latentes y abiertos que estancan nuestro desarrollo general en perjuicio de todos los habitantes.  

Un mal antiguo que se agrava aceleradamente
4. El señalado desequilibrio  es hoy peor que en la etapa de la Organización Nacional  pues mientras  el desierto de aquel entonces no ha cedido han emergido en las zonas pobladas hacinamientos urbanos entonces inexistentes. Entre esas  poblaciones hacinadas  suele, a veces, mediar gran distancia; pero solo en esta separación entre ellas pueden ser tomadas como oasis en el desierto prevaleciente. Cuando uno llega al gran Buenos Aires, al gran Rosario o al gran Córdoba, para citar los ejemplos mas conocidos pero no únicos, lejos esta de encontrarse con un oasis. Con lo que choca es con reales aglomeraciones humanas que sufren una verdadera de patología social.   Aglomeraciones de edificios y de millones de personas fuertemente masificadas que han perdido no solo la condición sino el sentimiento mismo de vecindad. Es en ellas donde germinan y persisten de modo constante focos de incendios sociales, los que cuando estallan consumen bienes y vidas humanas. Por su forma de ser aun en momentos de aparente tranquilidad la aglomeración hace de los individuos solo miembros de grupos de gente, con lo que se enervan las ya debilitadas energías de la sociedad argentina.  
Los oficiales promedios de densidad   asignados a la Argentina en la literatura corriente no reflejan la dramática realidad que sufre nuestra sociedad.   Ni siquiera permiten atisbar a su través  nuestro mayor problema de orden social necesitado de urgente atención.    
Este problema radical se puede enunciar en dos preguntas esenciales:
1º) ¿qué ha causado esta deformación demográfica?  
2º)  Cómo eliminar los actuales  hacinamientos y a la vez poblar ordenadamente  nuestro inmenso desierto?
Es el más difícil de nuestros problemas políticos. Pero mientras no se tome conciencia viva de su existencia y se actue para resolverlos,  fracasaran todas las políticas de gobierno aplicadas a resolver – no ese problema fundamental  – sino de los millares y variables efectos derivados de su destructiva existencia.
Empecemos por bosquejar la realidad para despertar la conciencia dormida de los dirigentes y la ciudadanía.   

El hacinamiento de los pobres
5. La información diaria da cuenta de graves y crecientes problemas sociales  en la Argentina/urbana. Para registrar la dinámica conflictiva que existe en esta sección –basta con leer en los periódicos y ver en la televisión las noticias sobre el incremento de la delincuencia más burda y la constante cadena de conflictos,  individuales y colectivos,  que emergen cada mañana  borrando de la retina el que estallara la semana anterior. Estos primeros días de Diciembre han sido suficientemente mostrativos del mal que nos preocupa. Pero ese dinámica violencia responde a una realidad estructural no del todo ignorada, aunque mal entendida y peor atendida.  Todos saben de los inhumanos habitat que proliferan en toda ciudad relativamente grande. Son los denominados  conventillos, villas de emergencia, casas ocupadas, tolderías provisorias, taperas sobre veredas y paseos públicos, etc.

6. Con pseudo verdad aritmética se sostiene, por ejemplo, que la densidad de la población en la CABA es de alrededor de 15.000 h/km2 (3 millones viviendo sobre 200 km2). Este dato no sirve para nada y menos  para reconocer nuestro principal problema social.  La densidad real en cada lugar lejos está de esa uniformidad estadística. Fluctúa a saltos de un punto a otro dentro de cada ciudad. Así, por ejemplo, en  la “villa 11/14” ubicada  en  la CABA la densidad real es  tres veces  la media aritmética oficial.  Sobrepasa los 45.000h/km2. Estos niveles de densidad impiden una sana vida humana y el desarrollo de indispensables virtudes sociales, que ninguna instrucción escolar – cuando existe b- puede suplantar. Estos “asentamientos” se repiten en muchos lugares de la Capital,  en el gran Buenos Aires y  en todas las capitales de provincia e incluso en las ciudades menos pensadas. Cada día aparece un nuevo asentamiento de este tipo sin que haya desparecido ninguno de los anteriores. Esto prueba de la existencia de un mal crónico, producido – anticipémoslo desde ya - por  el derecho positivo vigente en dos materias: el derecho de propiedad sobre la tierra y el derecho impositivo. .

El hacinamiento de los “no pobres”
7. Si la densidad en las villas y asentamientos semejantes hace que la vida sea  inhumana, casi horrible, desde cierto punto de vista no lo es menos en los sectores “no pobres” de las ciudades.  En una gran cantidad de casos , a pesar de las apariencias,  la calidad de vida llega igualmente mala cuando no peor.
El  regimen de la Ley 13.512 creando el derecho real de propiedad horizontal  ha rebajado  la calidad de vida en forma  inaceptable. Este es el peor invento legal argentino. Apilar los hogares como si fueran cosas ha arruinado la vida ciudadana.
En barrios habitados por personas con mejores ingresos,  sobre  cada hectárea, se edifican (en promedio)  alrededor de  10 edificios de 10 pisos cada uno sobre cada lado del cuadrado llamado “manzana”.  Podemos ejemplificar este fenomeno diciendo que hay barrios en los que en cada manzana hay  alrededor  de 40 edificios construidos bajo regimen de propiedad horizontal. Si  suponemos cada piso contiene  3 departamentos  el total de éstos por manzana es de 120 departamentos. Habitados cada uno por una “familia tipo”  (4 personas) la población sobre cada hectarea alcanza a  casi 500 personas. La densidad en este caso es de 50.000 h / km2. Más alta que en las villa miserias mas numerosas de la Capital. Aunque pintado de rosa y con “moñitos del mismo color” el fenómeno del hacinamiento urbano se repite aqui. Hay otro efecto aun peor: la acumulación de edificios aumenta la renta del suelo, en la Argentina pagada principalmente por los trabajadores. Es decir, sus salarios son castigados por el valor de la tierra.

Ciudades que agobian a sus habitantes
8. Estos son  datos estáticos del hacinamiento.  La dinamica y el ajetreo de la vida moderna multiplica exponencialmente sus efectos. Piénsese entre otros los siguientes: la permanente necesidad reconstituir calles, veredas  y caminos, el estado de los transportes ferroviarios, el costo del transporte automotor, la congestión en los lugares de trabajo y en los centros comerciales, la falencia de servicios publicos, etc. Con esto. se tendra una primera imagen de esta agobiadora dinámica ciudadana. No se necesita mucha estadistica para conocerla. Se la sufre todos los días del año. Hay que comparar el tipo de vida en este tipo de ciudades argentinas  , dominadas por el hacinamiento,  con la vida que se suele disfrutar en algun aun subsistente “pueblito del interior” o en los aislados  “countries” lejos del “infierno” de la ciudad. Estas lugares que en las grandes ciudades argentinas son “islas privilegiadas” son el modo regular de ser en pueblos y ciudades de otros paises. Valga como ejemplo la forma de vivir en paises como Austria o Dinamarca.

El desequilibro poblacional
9. El hacinamiento  emerge por aglomeración de gente sobre  una superficie insignificante. Paradójicamente ocurre en la Argentina poseedora de uno de los mayores  territorios del mundo. Lo sufre el 85% de la población arrumada en pocos puntos  del territorio, cuyas superficies sumadas no llegan a los 34.000 km2. Casi nada  frente a la superficie   2.766.000 km2 practicamente desierta. Algo huele mal en el ordenamiento legal para acceder al suelo argentino.
Buenos Aires, Diciembre 12 de 2003

lunes, 9 de diciembre de 2013

DEMOCRACIA Y EL RETORNO DE LOS BARBAROS




A TREINTA AÑOS

Héctor Sandler, profesor Consulto, Derecho UBA

Los festejos tratando de celebrar  la recuperación de la democracia -  una y otra vez abatida desde los 1930 – a treinta años de esa recuperación sus pretendidos éxitos son  opacados por la furia desatada aquí y allá en toda la tierra  argentina. La alegría que debiera animarnos en un nuevo  aniversario de aquel mes de diciembre del año 1983, es reemplazada por el odio, los actos salvajes, la represión inútil y una honda, sombría y general  preocupación.   El verbal palabrerío de los homenajes de unos pocos nada valen ante los brutales hechos que se repiten en las calles de nuestras ciudades.  No son gritos sino síntomas de un orden social mal estructurado por normas legales. Por un lado, la pinza del Código Civil que autoriza a lucrar con la propiedad de la tierra y por el otro lado el régimen de impuestos cuya meta principal es destruir el fruto del trabajo y la genuina inversión de capital. Peor derecho no podría hacer citado para arruinar a nuestro país.
Entre tanto los responsables del poder legislativo dilapidan su tiempo parloteando acerca de un proyecto de Código Civil cuyo mejor destino es el cesto de papeles.  
Hoy, 30 años de recuperada la democracia en lugar de luces de bengala rayos y truenos propios de una guerra civil son las únicas luces que aparecen  en el tormentoso cielo argentino.
Como homenaje a los que de corazón desean  una democracia saturada de alegría  por posibilitar, como orden político,  el pleno goce del fruto del trabajo de cada uno, transcribo unos párrafos seleccionados de quien describiera como ninguno la causa del fracaso de la democracia.
Buenos Aires 10 de diciembre del 2013
¿DE DÓNDE VENDRÁN LOS NUEVOS BÁRBAROS? se pregunta Henry George.   
Id por los barrios míseros de las grandes ciudades y ya ahora veréis sus hordas agolpadas
La transformación del gobierno popular en un despotismo del tipo más vil y más degradante, que irremisiblemente ha de resultar de la desigual distribución de la riqueza, no es cosa de un porvenir remoto.
Ha empezado ya y avanza rápidamente ante nuestros ojos. Se vota con más despreocupación; cuesta más despertar al pueblo con la necesidad de reformas y es más difícil llevarlas a cabo; las diferencias políticas dejan de ser diferencias de principios, y las ideas abstractas están perdiendo su poder; los partidos caen bajo la dirección de lo que en el gobierno general serían oligarquías y dictaduras. Todo esto son pruebas de decadencia política.
Ante nuestros ojos se van minando los cimientos mismos de la sociedad, mientras nos preguntamos, ¿cómo es posible que se destruya una civilización como ésta, con sus ferrocarriles, su prensa diaria y sus telégrafos?
Mientras la literatura respira la creencia de que hemos dejado atrás, y en el porvenir seguiremos dejando cada vez más lejos el estado salvaje, hay indicios de que en realidad estamos retrocediendo hacia la barbarie.

Aunque no podamos decirlo abiertamente, la fe general en las instituciones democráticas disminuye y se debilita allí donde han alcanzado su más pleno desarrollo; ya no se cree confiadamente como antaño en la democracia como origen de la prosperidad nacional.
Los hombres pensadores empiezan a ver sus peligros, sin ver el modo de evitarlos. Poco a poco el pueblo se está acostumbrando a la creciente corrupción; el signo político de peor agüero es la difusión de un sentir que o bien duda que haya un hombre honrado en cargos públicos o lo cree tonto de no aprovechar la ocasión. Es decir, el pueblo mismo se está corrompiendo.
Cualquiera que piense verá claro a dónde lleva esta marcha. Cuando la corrupción sea crónica, el espíritu público se pierda, la tradición del honor, la virtud y el patriotismo se debiliten, se desprecie la ley y no quede esperanza en las reformas; entonces; en las masas enconadas se engendrarán fuerzas volcánicas que, al presentárseles una ocasión propicia, romperán y destruirán.
Hombres fuertes y sin escrúpulos, aprovechando la ocasión, se convertirán en intérpretes de los deseos ciegos y pasiones violentas del pueblo y barrerán las instituciones, desprovistas ya de vitalidad. La espada volverá a ser más poderosa que la pluma y, en el desenfreno de la destrucción, la fuerza bruta y la locura salvaje alternarán con el letargo de una civilización decadente.
¿De dónde vendrán los nuevos bárbaros?
 Id por los barrios míseros de las grandes ciudades y ya ahora veréis sus hordas agolpadas.
Cómo perecerá el saber? Los hombres dejarán de leer y los libros prenderán incendios o se convertirán en cartuchos.
Cuesta muchísimo reconocer la decadencia, aunque haya comenzado de pleno; hay una tendencia casi irresistible a creer que el movimiento adelante, que ha sido progreso y sigue marchando, es todavía progreso.
La red de creencias, costumbres, leyes, instituciones y hábitos, constantemente tejida por cada colectividad, y que produce en el individuo envuelto en ella todas las diferencias de carácter nacional, no se desenreda nunca. Es decir: en la decadencia de la civilización, los pueblos nunca bajan por el mismo camino que subieron.
Y fácilmente se ve que el retroceso de la civilización, que sigue a un período de progreso, puede ser tan gradual que en su tiempo no llame la atención; que, por desgracia, la mayoría de la gente necesariamente ha de tomar la decadencia por adelanto.
No es preciso investigar si, en las actuales corrientes de opinión y gusto, hay ya señales de retroceso; pero hay muchas cosas que indiscutiblemente demuestran que nuestra civilización ha llegado a un período crítico y que, de no dársele un nuevo impulso hacia la equidad social, quizás en el porvenir la pasada década  será considerada como el de apogeo.
La tendencia a la desigualdad, que es la obligada consecuencia del progreso material donde la tierra está monopolizada, no puede ir mucho más allá sin llevar nuestra civilización hacia el sendero de bajada que tan fácilmente se emprende y tanto cuesta abandonar.
En todas partes la creciente intensidad de la lucha por la vida, la creciente necesidad de poner en tensión todos los nervios para no ser arrollado y pisoteado en la rebatiña por la riqueza, está agotando las fuerzas que obtienen y conservan los perfeccionamientos.
Hay un sentimiento vago, pero general, de desilusión; una creciente amargura entre las clases trabajadoras y una extensa sensación de inquietud. Esto, si fuese acompañado de una idea precisa sobre la manera de lograr el alivio, sería un signo de esperanza, pero no es así.
Aunque hace tiempo que la escuela se ha generalizado, la común facultad de relacionar efecto y causa no parece haber mejorado ni un ápice.
Qué cambio puede venir, ningún mortal puede decirlo, pero que algún gran cambio ha de venir, los hombres reflexivos empiezan a sentirlo. El mundo civilizado se estremece al borde de un gran movimiento. 0 bien será un salto adelante que abra paso a progresos aún no soñados o será un hundimiento que nos retornará a la barbarie.
(Henry George, “Progreso y Miseria. Indagación acerca de las causas de las crisis económicas y del aumento de la pobreza con el aumento de la riqueza”.