domingo, 11 de abril de 2010

Los errores de Enrique Valiente Noailles en La Nación

¿Qué festejará el Bicentenario?

Por Enrique Valiente Noailles para La Nacion

Si Valiente Noailles confunde Revolución de Mayo con Independencia, sin duda no sabemos quienes somos, ni donde estamos parados. Pero lo mas triste es que el Valiente error es el de toda la intelectualidad argentina (cultural y política).
La Revolución de Mayo de 1810 fue la ruptura, es decir un cambio radical y profundo, del sistema jurídico antiguo o romano (Propiedad y Derecho de los antiguos) que generaba sociedades barbarizadas que tendía a su propia destrucción (ej. Roma y Argentina hoy) por "El Derecho de los moderno o de civilización"(Derechos individuales o fundamentales o esenciales Arts. 14 al 20 de nuestra Declaración de Derechos, de nuestra Constitución de 1853); que impedía atacar a los ciudadanos con 'IMPUESTOS' al trabajo, a la inversión y al consumo; y la 'Propiedad de los modernos' donde se proponía que el origen de los recursos del estado fueran las "RENTAS" fundiarias (primero Ley de Enfiteusis y luego Sistema rentístico de la Constitución de 1853).
A la Revolución de Mayo le sucedió la contrarevolución y mediante el Código Civil Argentino don Dalmacio Velez nos volvió al Derecho de Barbarie o Romano que se enseña hoy en todas las facultades de Derecho de nuestro país; y a la propiedad romana o antigua que entrega a los dueños de la tierra los genuinos recursos del Estado y obliga a castigar a los trabajadores con IMPUESTOS.
El resultado no podía ser otro que el de Roma; nuestra propia autodestrucción.
El sistema jurídico vigente en nuestro país es jerárquico, injusto, antidemocratico, unitario cesareo, autoritario, esclavista, y autodestructivo.

"Si no conocemos que es el Derecho y la Propiedad de los modernos de la Revolución de Mayo de 1810, nuevas incertidumbres
sucederán a las antiguas y después de un tiempo, entre mil incertidumbres, sera nuestra suerte, mudar de tiranos sin destruir la tiranía" G. Andreau robado a Mariano Moreno.

Si reconocemos la formidable y colosal Obra de Mayo y honramos a nuestos padres fundadores habra mucho para festejar en el Bicentenario y sera el final de 200 años con la casa dividida enfrentando argentinos contra argentinos.

Analizara este tema en profundidad el Dr.Hector Sandler en el Almuerzo del Foro de la Ciudad del Club del Progreso.

"DOS PROYECTOS DE LA REVOLUCION DE MAYO QUE CONSTITUYEN HOY
EL PROGRAMA POLÍTICO PARA LA ARGENTINA MODERNA"

Miercoles 14 de Abril de 2010 de 13 a 15 hs.

Participe, de nosostros depende.

jueves, 8 de abril de 2010

Todo lo que hay que saber de la inflación y nadie se atreve a preguntar.



Héctor Raúl Sandler, profesor consulto, Derecho, UBA

El documento del ingeniero Saúl Martínez La mano invisible de la inflación. Lo que los economistas no pueden ver es un aldabonazo que debe resonar en los adormecidos oídos de economistas, abogados, hombres públicos, intelectuales y – especialmente – en los hombres y mujeres de trabajo. Digo especialmente en éstos, porque es de ellos, por ellos y para ellos que conviene la democracia. Califico al articulo de Martínez de aldabonazo, porque es un formidable golpe dado con el aldabón de una verdad ignorada por la casi totalidad de nuestro pueblo, inclusive y para colmo, por quienes sinceramente aman y luchan por la democracia política. No se repara que ésta no es viable y de serlo por un lapso, no se sostiene si falla la democracia económica. Democracia política (un hombre un voto) y la democracia económica (igual derecho de acceso a la tierra para todos) son dos caras necesarias para tener la preciada moneda. Quien intelectual o prácticamente escinda una de la otra, de hecho abomina de la democracia.

Desde el punto de vista del llamado de atención, nada habría que agregar al artículo de Martínez. Pero como la conciencia pública argentina está muy alejada de la verdad que allí se sostiene, es harto necesario presentarla en todas las facetas posibles. Para educar al soberano. Para que nos enteremos todos de ella, sin excepciones, y hagamos de una verdad teórica una verdad de vida. Para que no yazca, como ahora, como dato teórico para algunos pocos, sino para que encarne en lo más profundo de nuestro espíritu ciudadano como ideal político argentino.

Con la verdad a que alude Martínez debe ocurrir lo mismo que ocurrió durante la Revolución de Mayo en relación a la libertad física de los individuos. Pocos patriotas vivieron esta verdad de entrada, capaces de darle cabida en la Asamblea del año XIII. Son quienes declararon “la libertad de vientres”. Primer paso para poner fin a la esclavitud, aberrante institución milenaria. En los EEUU solo pudo comenzar a erradicarse tras una tremenda guerra civil y en 1865. Entre nosotros fue expulsada mucho antes. Definitivamente al disponer la Constitución de 1853 que “En la Nación Argentina no hay esclavos….Todo contrato de compra y de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrase, y el escribano y funcionario que lo autorice” (Art.15).

Con igual grado de firmeza tiene que encarnar en la conciencia social y pública argentina otro ideal – hoy escasamente visualizado – según el cual la tierra, de toda clase, cuyas fracciones forman el territorio argentino, es un don de Dios (Levítico 25:23), reconocido por nuestra Constitución legal como “fuente de toda razón y justicia”. Norma establecida, entre otras cosas, para asegurar “los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino” (Preámbulo), dispuestos a vivir de su trabajo (Art.14 CN).

De la creciente vivencia emotiva y racional de este ideal de Mayo y su concreción en legislación, depende que seamos una república democrática de hombres libres en goce de general prosperidad. Por no haberlo hecho así – escamoteando la clase política de entonces la declarada voluntad del presidente Roque Saenz en proyecto de ley de 1912 - la democracia política argentina se ha quebrado, languidece y no se recupera. En el segundo centenario no brota en nuestros corazones la natural alegría que debiera brotar al celebrar aquella extraordinaria Revolución. Es evidente que algo falló o quedó sin hacer.

Con la firme intención de colaborar en la tarea de avivar la dormida conciencia argentina y despertar el seso de quienes se ocupan de nuestras cuestiones sociales, me permitiré agregar algunos argumentos confirmatorios a lo sostenido por Martínez. Especial atención debieran prestar a este asunto quienes hacen de la “justicia social” su ideario político y sindical.

En la enseñanza de la economía y del derecho, es habitual distinguir entre “valor de uso” y “valor de cambio”. Guarda esta distinción algún interés puntual; pero menor. Es insignificante frente a esta otra. Lo principal a distinguir en economía y el derecho es entre “valor de producción” y “valor de obligación (o crédito)”. Los valores de producción son cosas sin las cuales no es posible la producción de lo necesario para la vida humana. En cambio “valores de obligación o crédito”, no son cosas. Son derechos (desde el punto de vista del acreedor) y obligaciones (desde el punto de vista del deudor) (Art.496 Código Civil).

Los “valores de obligación” no son cosas en el profundo sentido del art. 2311 del mismo Código. Son objetos “ideales”, imposible de ser tocados, olidos, pesados. Sin embargo para probar la existencia de esos “objetos ideales” (derechos y obligaciones) los hombres han inventado los “títulos”.
Los valores de obligación y crédito solo existen entre los hombres dada su condición de seres espirituales. Solo los seres humanos pueden “prometer” y “comprometerse”; no los demás seres terrestres. Solo los hombres por su condición anímica/espiritual se constituyen en “deudores” y “acreedores”. Mas como la memoria humana es flaca y la mala fe nada escasa, la humanidad inventó cosas materiales para probar la existencia aquellos “derechos y obligaciones”.

Asi de modo progresivo y cada vez más creciente nacieron los llamados “títulos”. Para probar las deudas y obligaciones los “encarnan” en diferentes materiales y pueden darles uso, una vez encarnados. Fueron usadas las conchillas, piedras, plumas, piezas de oro, plata, papel impreso y, maravillosamente, hasta simples pulsos electrónicos, llamados bits. Nombres diversos se dieron a esas “piezas materiales”: moneda, dinero, divisas, cheques, pagares, etc. No obstante la doble diversidad (la cosa usada para representar el valor de obligacion y el nombre dado a esa cosa portadora del derecho) , todas esas cosas “representativas” de valores de producción tienen una naturaleza común: son títulos.

¿Qué es un título sino un “letrero o inscripción” que da a conocer un objeto que está por dentro o debajo de él?. Aquí es cuando conviene para lo que estamos examinando traer de golpe a colación algo sabido pero no debidamente comprendido. Entre los muchos “títulos legales/económicos” que el hombre a inventado , está el “titulo de propiedad sobre el inmueble por su naturaleza” (Art. 2314, 1ª.parte). Es la escritura pública, que todos conocemos. Ese papel, acredita “un derecho sobre un inmueble” o sea es un “título” más.

Desde luego que fue inventado y es utilizado con el fin de acreditar “el derecho al uso del inmueble” y no para otros propósitos. Sin embargo es frecuente que a esos inventos jurídicos, conciente o inconcientemente, los hombres, en la práctica, le asignen otros fines. Que sean lícitos o lícitos, morales o inmorales, útiles o inconvenientes, depende del momento y el contexto social. Esos rasgos derivados son los que han de descubrir economistas y juristas. De hecho que el “título de propiedad sobre los inmuebles por su naturaleza” no fue creado para ser usado como “recurso de poder”, ni funcionar como “caja de ahorro” ni como “medio de pago”. Sin embargo, se sabe desde la historia de la Roma Antigua que ese titulo era la condición para ser “patricio”; para llegar a ser – latifundio mediante – un “magnate” y encima gozar de un poder político que la mayoría carecía. También se sabe (sobre todo hoy en la Argentina actual), que no hay mejor “caja de ahorro” que poseer un “titulo de propiedad sobre un pedazo de tierra” (aunque de hecho el dueño jamás lo haya visto ni siquiera sepa en que parte del territorio se encuentra).

Estos efectos “derivados” hacen que el “titulo de propiedad” pueda funcionar como “medio de pago” mediante el sencillo tramite de una “cesión de derechos”. Incluso, de manera harto frecuente, como “título de inversión” , a la espera que el crecimiento de la población y el desarrollo industrial, comercial o edilicio de la zona en que el predio esté, o de todo el país, sin esfuerzo alguno, le provea al propietario de una jugosa ganancia. Ganancias muy difíciles de alcanzar por quien solo dispone y aplica de sol a sol su fuerza de trabajo, por eficaz que fuere.

La posibilidad que el “titulo de propiedad sobre la tierra” pueda funcionar como “titulo de inversión” y, en especial, como “dinero”, es cosa decisiva para la calidad de la civilización de la sociedad. Si el derecho positivo acepta estos empleos, sin contrapartidas que anulen esos efectos (que desde un punto de vista de un orden social sano, son fines in fraudi legis), la sociedad pasará – con una mayoría que sufre sin comprender la causa de su infortunio – de la civilización a la barbarie. En esa sociedad se confirmará el temor del pensador ingles: “el hombre se convierte en lobo del hombre”. Nadie la elegirá como “su lugar en el mundo” y los que allí nazcan soñaran con emigrar de ese infierno.

Que el “titulo de propiedad sobre la tierra” puede ser usado como moneda, es cosa indiscutible. Alguien que debe $ 1.000.000, puede, al llegar el momento del vencimiento (si el acreedor acepta) ofrecer pagar esa suma de este modo: a) $ 100.000 en efectivo; b) $ 300.000 en un cheque al día; c) $ 100.000 Un pagare exigible de acreditados terceros d) $ 100.000 con una acción cotizable en la Bolsa; e) $ 100.000 con un Bono del tesoro f) $ 100.000 en divisas (dolares) y g) el Saldo ( $ 200.000) suscribiendo el título transfiriendo el “titulo de propiedad” sobre un terreno. Dejando de lado la frecuencia de este modo de pago (mas frecuente de lo que se cree entre comerciantes), el hecho es que el “titulo de propiedad” ha fungido como moneda. ¿Tienen en cuenta los estudiosos a este “medio de pago” para determinar el circulante? No por lo que yo se. Sencillamente porque nadie piensa en esta “función” adjetiva de los “títulos de propiedad sobre la tierra”.

Que en la Argentina – como dice Martínez en su articulo – la propiedad de la tierra sea el primer motor de la inflación que nos acorrala de modo crónico se debe lo descripto. Los “títulos fundiarios” se cotizan diariamente en el “mercado libre”, de modo permanente a “la alza”, por el aumento vegetativo de la población, la demanda creciente de bienes y servicios y la inevitable inversión de capitales necesarios para producirlos. No hay “título” que le aventaje (a veces a la corta como en Puerto Madero y siempre a la larga si por ejemplo se comparen los precios de la tierra desnuda en la Capital entre 1910 y 2010). Tal como son las cosas, el sistema de propiedad de la tierra establecido por el Código Civil es la raíz más profunda, fuerte y menos considerada, de la crónica inflación argentina. Como enseña un avezado martillero de esta plaza ( y lo saben todos, incluso los habitantes de la Villa 31) , en la Argentina “No hay menor negocio sobre la Tierra que la tierra misma”. La contrapartida de este sistema la ha subrayado un dirigente sindical, devenido en diputado nacional: “En Argentina nadie hace plata trabajando”. No creo que hayan ambos sido concientes de la profundidad de su pensamiento; pero han hablado mejor que todos los economistas y juristas diplomados.

Este comentario dejaría un sabor amargo si no delineamos un camino de esperanza. ¿Tiene que ser asi necesariamente?. Terminantemente, no!
Yerra por completo quien entienda en sentido literal y amplio la última parte del el art.497 del Código Civil. Dice allí el Código: “No hay obligación que corresponda a derechos reales”, entre los que está y a la cabeza, el “derecho real de propiedad”. Esto debe ser en tendido de manera muy estricta.
La matriz del artículo es el sistema de “derechos personales”. En el tráfico de la vida los derechos personales suponen siempre una relación, un par de sujetos: el acreedor A contra el deudor B y viceversa. En cambio en la matriz de los “derechos reales” basta con un sujeto propietario P y la cosa sobre la que se es propietario. Pero este correcto principio, sacado de aquella matriz no tiene sentido o puede ser un disparate que nadie se atrevería a sostener. ¿El derecho real de propiedad sobre el automóvil que poseo no me genera ninguna obligación personal? ¿Puedo manejar por donde me plazca? ¿A la velocidad que se me ocurra? Hay que evitar aquí el escamoteo técnico. Decir que una cosa es el derecho civil y el otro el administrativo o el penal. El derecho como ordenamiento social ha de ser una totalidad y armónica entre sus partes. Con una visión de este tipo, que en cierta forma es la dominante en toda sociedad relativamente bien ordenada, “el derecho real de propiedad” genera “responsabilidades” para su titular. O sea “obligaciones personales a su cargo”. Ya los romanos responsabilizaban (como también nosotros), al dueño de la cosa por los daños que a otros la cosa de su propiedad causara. Ningún hombre de derecho lo ignora y hasta el más palurdo ignorante del derecho lo sospecha.

La pregunta ahora pertinente es la siguiente. Tiene que entrar por la mente pero ser tamizada por el corazón de cada uno. ¿Es bueno para la sociedad que el propietario del nudo terreno se apropie para sí del mayor valor que el terreno adquiere por causa de la demanda social?. Por lo visto no es sano, porque ese efecto daña nada menos que al sistema monetario, uno de los mayores lograr de la civilización. Es causa primera de la inflación. Al aumentar el valor de la tierra, cae el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores; a la vez que se enriquece, sin hacer nada, a los propietario de la tierra. He ahí todo el misterio de las villas miseria. ¿Se puede ser decente y buen ciudadano y sostener que esos efectos son buenos? Cada uno dé su respuesta.

Pero, ¿hay remedio para esto? ¡Caramba si lo hay! Lean – como mínimo - el proyecto de reforma impositiva de Roque Sáenz Peña de 1912, refrendado por su ministro José María Rosa, y hallaran la respuesta. La propiedad de la tierra sí genera una obligación personal a cargo de quien es propietario y para aquel que la ocupe por cualquier otro titulo o hecho. Es una obligación proter rem. Derivada de poseer la cosa. La obligación consiste en pagar a la sociedad un tanto por ciento del valor de mercado que la tierra ocupada tenga. Cuando se hace esto, como en muchos prósperos países anglosajones, hay que eliminar los impuestos. Dejemos de saquear al trabajo, la inversión, el comercio y el consumo y afrontemos el gasto público con la cantidad que se recaude en concepto de renta del suelo.
Hacer esto, es propugnar por la democracia social, asegurar la libertad individual y recomponer la republica.
Héctor Raúl Sandler, profesor consulto, Derecho, UBA
Buenos Aires, abril 8 de 2010

La mano invisible de la inflación. Lo que los economistas no pueden ver.


La mano invisible que provoca inflación.

Se han venido produciendo manifestaciones en diversos ámbitos oficiales, periodísticos, empresariales y sindicales para definir, alertar ó advertir el peligro de un rebrote inflacionario dentro de las medidas económicas implementadas por el Ministerio de Economía y el Banco Central.-

Todas las opiniones que hemos escuchado carecen de sustento científico y las soluciones esbozadas en general repiten erróneas medidas tomadas en otras épocas similares, con resultados desalentadores y nulos para combatir la inflación.-

Es terminante prueba que son erradas.- No es científico ignorar los resultados de la experiencia.-

La causa directa de la inflación es la inyección de mayor moneda que la requerida por la producción de cosas y servicios.- El primer motor inyectante de valor crediticio sin respaldo en valor producido es el Estado, fabricante legal de moneda.-

En una economía monopólica, como la nuestra, la única causa de la inflación se debe a que el Estado como representante de la sociedad, no recupera para sus gastos y su mantenimiento, la Renta Social que es producida por toda la sociedad, y en cambio la deja en manos de los propietarios del suelo, que aparecen con ese poder de compra no ganado, en el mercado.-

Cuando un productor, industrial, ganadero, agricultor, empresario, comerciante ó transportista, trabaja, produce y manda al mercado la riqueza producida con trabajo, capital y tierra, adquiere por ello un poder de compra que esta equilibrado con la cantidad de riqueza que envió al mercado.- Frente a ella, el Estado emite moneda representativa de esa riqueza, que equilibra con el circulante de billetes y medios de pago, (valor crediticio) la riqueza que se envió al mercado.- Este equilibrio entre circulante y riqueza disponible en el mercado no produce inflación, pues está equilibrado también el poder de compra presente en el mercado en manos de los productores de riqueza, con la riqueza que estos enviaron al mercado.-

Pero hay un segundo motor generador de inflación, ignorado por los análisis corrientes y recomendaciones frecuentes: el constante aumento del precio de la tierra.-
Por efecto del crecimiento de la economía, aumentan los valores inmobiliarios.-
En apariencia son las construcciones, las casas y departamentos, los que aumentan de precio; no es así.- El aumento del precio del suelo, limitado y escaso, es el que lleva arriba el precio de los inmuebles y los alquileres.-
Esto no lo advierten los compradores, los inquilinos, los economistas ni la gente en general.-

Solo lo advierten los propietarios del espacio cuando venden un terreno vacío sobre el cual nada han hecho y sin embargo suelen recoger una suculenta ganancia.- O cuando venden una casa, ó departamento que para nada atendieron y que vale mas que cuando lo compraron.-¿ Cómo se explica este aumento de precio sin trabajo e inversión del dueño?

A veces por la obra pública y privada que otros han hecho alrededor de su inmueble.-

Y siempre por el aumento de la demanda de gente que necesita de ese espacio.-

¿Dónde consta este mayor valor de la tierra? En el título de propiedad. De esta manera se produce la famosa ¨burbuja inmobiliaria¨ ; los títulos de propiedad del suelo se inflan por el mayor valor de la tierra, sin que ese aumento corresponda a una correlativa mayor producción, pues el lote, al venderse, esta tal cual como cuando se lo adquirió.-Este título es otro valor crediticio que infla el monto del circulante sin que este respaldado por alguna producción de riqueza.-

Esta ganancia injustificada estimula el crecimiento del peor negocio para el país y sus habitantes: la especulación con la tierra.- Pero no es necesario que se especule para que la tierra aumente de precio. El mero crecimiento social basta para que ocurra.-

Ahora aparece claro que, en el fondo, la raíz de la inflación está en el trato que se dé al inevitable aumento del valor del suelo.-

Todas las medidas tomadas contra la inflación – sin considerar este problema – no han podido erradicarla, pero si han arruinado cada vez más la economía privada y la del Estado.-

Los propietarios del espacio territorial adquieren – por lo expresado - un mayor poder de compra por efecto del aumento de los valores del suelo, sin que hayan mandado al mercado ninguna riqueza.- El Estado emite moneda, circulante equivalente de ese mayor poder de compra aparecido en el mercado ya que no puede separar ni distinguir las dos clases de poder de compra, la que esta equilibrada con riqueza presente en el mercado y la que no esta equilibrada con ninguna riqueza porque es el resultado de poderes de compra no ganados, en manos de los propietarios del suelo.-

Esta emisión es inflacionaria, y representa los valores de compra no ganados que aparecen cuando el espacio territorial de una Nación esta monopolizado solo por algunos de sus habitantes.- Esta es la única causa de la inflación.-

Mientras el Gobierno roba al productor, trabajador y empresario, parte de la riqueza producida con su esfuerzo y sus facultades, por medio de los impuestos que gravan el trabajo y el capital productivo invertido, interfiriendo y frenando la producción de riqueza, deja a los que monopolizan nuestro territorio, la Renta del Suelo, ó Renta Social, producida por toda la sociedad que aparece adherida al suelo en los crecientes valores inmobiliarios, y que por ser producida por el conjunto de la sociedad pertenece a ella y debe ser, en justicia, recolectada por el Estado como representante de la sociedad.-

Si esto se revierte, suprimiéndose todos los impuestos que gravan el trabajo, la producción y el consumo y se recupera para la sociedad representada por el Estado la Renta del suelo ó Renta Social, no habrá más inflación y todos los ciudadanos serán propietarios exclusivos de lo que produzcan con sus facultades y su esfuerzo sin peligro de que nadie los robe.-

Ing. Saúl P. Martínez

TE. 54- (11) 4322 – 4149.- y 54 - (221) 424-2108.-
Buenos Aires, julio de 2007.-

POR DEMOCRACIA SOCIAL, LA LIBERTAD INDIVIDUAL Y LA REPUBLICA
Héctor Raúl Sandler, profesor consulto, Derecho, UBA

El documento del ingeniero Saúl Martínez es un aldabonazo que debe resonar en los adormecidos oídos de economistas, abogados, hombres públicos, intelectuales y – especialmente – en los hombres y mujeres de trabajo. Digo especialmente en éstos, porque es de ellos, por ellos y para ellos que conviene la democracia. Califico al articulo de Martínez de aldabonazo, porque es un formidable golpe dado con el aldabón de una verdad ignorada por la casi totalidad de nuestro pueblo, inclusive y para colmo, por quienes sinceramente aman y luchan por la democracia política. No se repara que ésta no es viable y de serlo por un lapso, no se sostiene si falla la democracia económica. Democracia política (un hombre un voto) y la democracia económica (igual derecho de acceso a la tierra para todos) son dos caras necesarias para tener la preciada moneda. Quien intelectual o prácticamente escinda una de la otra, de hecho abomina de la democracia.

Desde el punto de vista del llamado de atención, nada habría que agregar al artículo de Martínez. Pero como la conciencia pública argentina está muy alejada de la verdad que allí se sostiene, es harto necesario presentarla en todas las facetas posibles. Para educar al soberano. Para que nos enteremos todos de ella, sin excepciones, y hagamos de una verdad teórica una verdad de vida. Para que no yazca, como ahora, como dato teórico para algunos pocos, sino para que encarne en lo más profundo de nuestro espíritu ciudadano como ideal político argentino.

Con la verdad a que alude Martínez debe ocurrir lo mismo que ocurrió durante la Revolución de Mayo en relación a la libertad física de los individuos. Pocos patriotas vivieron esta verdad de entrada, capaces de darle cabida en la Asamblea del año XIII. Son quienes declararon “la libertad de vientres”. Primer paso para poner fin a la esclavitud, aberrante institución milenaria. En los EEUU solo pudo comenzar a erradicarse tras una tremenda guerra civil y en 1865. Entre nosotros fue expulsada mucho antes. Definitivamente al disponer la Constitución de 1853 que “En la Nación Argentina no hay esclavos….Todo contrato de compra y de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrase, y el escribano y funcionario que lo autorice” (Art.15).

Con igual grado de firmeza tiene que encarnar en la conciencia social y pública argentina otro ideal – hoy escasamente visualizado – según el cual la tierra, de toda clase, cuyas fracciones forman el territorio argentino, es un don de Dios (Levítico 25:23), reconocido por nuestra Constitución legal como “fuente de toda razón y justicia”. Norma establecida, entre otras cosas, para asegurar “los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino” (Preámbulo), dispuestos a vivir de su trabajo (Art.14 CN).

De la creciente vivencia emotiva y racional de este ideal de Mayo y su concreción en legislación, depende que seamos una república democrática de hombres libres en goce de general prosperidad. Por no haberlo hecho así – escamoteando la clase política de entonces la declarada voluntad del presidente Roque Saenz en proyecto de ley de 1912 - la democracia política argentina se ha quebrado, languidece y no se recupera. En el segundo centenario no brota en nuestros corazones la natural alegría que debiera brotar al celebrar aquella extraordinaria Revolución. Es evidente que algo falló o quedó sin hacer.

Con la firme intención de colaborar en la tarea de avivar la dormida conciencia argentina y despertar el seso de quienes se ocupan de nuestras cuestiones sociales, me permitiré agregar algunos argumentos confirmatorios a lo sostenido por Martínez. Especial atención debieran prestar a este asunto quienes hacen de la “justicia social” su ideario político y sindical.

En la enseñanza de la economía y del derecho, es habitual distinguir entre “valor de uso” y “valor de cambio”. Guarda esta distinción algún interés puntual; pero menor. Es insignificante frente a esta otra. Lo principal a distinguir en economía y el derecho es entre “valor de producción” y “valor de obligación (o crédito)”. Los valores de producción son cosas sin las cuales no es posible la producción de lo necesario para la vida humana. En cambio “valores de obligación o crédito”, no son cosas. Son derechos (desde el punto de vista del acreedor) y obligaciones (desde el punto de vista del deudor) (Art.496 Código Civil).

Los “valores de obligación” no son cosas en el profundo sentido del art. 2311 del mismo Código. Son objetos “ideales”, imposible de ser tocados, olidos, pesados. Sin embargo para probar la existencia de esos “objetos ideales” (derechos y obligaciones) los hombres han inventado los “títulos”.
Los valores de obligación y crédito solo existen entre los hombres dada su condición de seres espirituales. Solo los seres humanos pueden “prometer” y “comprometerse”; no los demás seres terrestres. Solo los hombres por su condición anímica/espiritual se constituyen en “deudores” y “acreedores”. Mas como la memoria humana es flaca y la mala fe nada escasa, la humanidad inventó cosas materiales para probar la existencia aquellos “derechos y obligaciones”.

Asi de modo progresivo y cada vez más creciente nacieron los llamados “títulos”. Para probar las deudas y obligaciones los “encarnan” en diferentes materiales y pueden darles uso, una vez encarnados. Fueron usadas las conchillas, piedras, plumas, piezas de oro, plata, papel impreso y, maravillosamente, hasta simples pulsos electrónicos, llamados bits. Nombres diversos se dieron a esas “piezas materiales”: moneda, dinero, divisas, cheques, pagares, etc. No obstante la doble diversidad (la cosa usada para representar el valor de obligacion y el nombre dado a esa cosa portadora del derecho) , todas esas cosas “representativas” de valores de producción tienen una naturaleza común: son títulos.

¿Qué es un título sino un “letrero o inscripción” que da a conocer un objeto que está por dentro o debajo de él?. Aquí es cuando conviene para lo que estamos examinando traer de golpe a colación algo sabido pero no debidamente comprendido. Entre los muchos “títulos legales/económicos” que el hombre a inventado , está el “titulo de propiedad sobre el inmueble por su naturaleza” (Art. 2314, 1ª.parte). Es la escritura pública, que todos conocemos. Ese papel, acredita “un derecho sobre un inmueble” o sea es un “título” más.

Desde luego que fue inventado y es utilizado con el fin de acreditar “el derecho al uso del inmueble” y no para otros propósitos. Sin embargo es frecuente que a esos inventos jurídicos, conciente o inconcientemente, los hombres, en la práctica, le asignen otros fines. Que sean lícitos o lícitos, morales o inmorales, útiles o inconvenientes, depende del momento y el contexto social. Esos rasgos derivados son los que han de descubrir economistas y juristas. De hecho que el “título de propiedad sobre los inmuebles por su naturaleza” no fue creado para ser usado como “recurso de poder”, ni funcionar como “caja de ahorro” ni como “medio de pago”. Sin embargo, se sabe desde la historia de la Roma Antigua que ese titulo era la condición para ser “patricio”; para llegar a ser – latifundio mediante – un “magnate” y encima gozar de un poder político que la mayoría carecía. También se sabe (sobre todo hoy en la Argentina actual), que no hay mejor “caja de ahorro” que poseer un “titulo de propiedad sobre un pedazo de tierra” (aunque de hecho el dueño jamás lo haya visto ni siquiera sepa en que parte del territorio se encuentra).

Estos efectos “derivados” hacen que el “titulo de propiedad” pueda funcionar como “medio de pago” mediante el sencillo tramite de una “cesión de derechos”. Incluso, de manera harto frecuente, como “título de inversión” , a la espera que el crecimiento de la población y el desarrollo industrial, comercial o edilicio de la zona en que el predio esté, o de todo el país, sin esfuerzo alguno, le provea al propietario de una jugosa ganancia. Ganancias muy difíciles de alcanzar por quien solo dispone y aplica de sol a sol su fuerza de trabajo, por eficaz que fuere.

La posibilidad que el “titulo de propiedad sobre la tierra” pueda funcionar como “titulo de inversión” y, en especial, como “dinero”, es cosa decisiva para la calidad de la civilización de la sociedad. Si el derecho positivo acepta estos empleos, sin contrapartidas que anulen esos efectos (que desde un punto de vista de un orden social sano, son fines in fraudi legis), la sociedad pasará – con una mayoría que sufre sin comprender la causa de su infortunio – de la civilización a la barbarie. En esa sociedad se confirmará el temor del pensador ingles: “el hombre se convierte en lobo del hombre”. Nadie la elegirá como “su lugar en el mundo” y los que allí nazcan soñaran con emigrar de ese infierno.

Que el “titulo de propiedad sobre la tierra” puede ser usado como moneda, es cosa indiscutible. Alguien que debe $ 1.000.000, puede, al llegar el momento del vencimiento (si el acreedor acepta) ofrecer pagar esa suma de este modo: a) $ 100.000 en efectivo; b) $ 300.000 en un cheque al día; c) $ 100.000 Un pagare exigible de acreditados terceros d) $ 100.000 con una acción cotizable en la Bolsa; e) $ 100.000 con un Bono del tesoro f) $ 100.000 en divisas (dolares) y g) el Saldo ( $ 200.000) suscribiendo el título transfiriendo el “titulo de propiedad” sobre un terreno. Dejando de lado la frecuencia de este modo de pago (mas frecuente de lo que se cree entre comerciantes), el hecho es que el “titulo de propiedad” ha fungido como moneda. ¿Tienen en cuenta los estudiosos a este “medio de pago” para determinar el circulante? No por lo que yo se. Sencillamente porque nadie piensa en esta “función” adjetiva de los “títulos de propiedad sobre la tierra”.

Que en la Argentina – como dice Martínez en su articulo – la propiedad de la tierra sea el primer motor de la inflación que nos acorrala de modo crónico se debe lo descripto. Los “títulos fundiarios” se cotizan diariamente en el “mercado libre”, de modo permanente a “la alza”, por el aumento vegetativo de la población, la demanda creciente de bienes y servicios y la inevitable inversión de capitales necesarios para producirlos. No hay “título” que le aventaje (a veces a la corta como en Puerto Madero y siempre a la larga si por ejemplo se comparen los precios de la tierra desnuda en la Capital entre 1910 y 2010). Tal como son las cosas, el sistema de propiedad de la tierra establecido por el Código Civil es la raíz más profunda, fuerte y menos considerada, de la crónica inflación argentina. Como enseña un avezado martillero de esta plaza ( y lo saben todos, incluso los habitantes de la Villa 31) , en la Argentina “No hay menor negocio sobre la Tierra que la tierra misma”. La contrapartida de este sistema la ha subrayado un dirigente sindical, devenido en diputado nacional: “En Argentina nadie hace plata trabajando”. No creo que hayan ambos sido concientes de la profundidad de su pensamiento; pero han hablado mejor que todos los economistas y juristas diplomados.

Este comentario dejaría un sabor amargo si no delineamos un camino de esperanza. ¿Tiene que ser asi necesariamente?. Terminantemente, no!
Yerra por completo quien entienda en sentido literal y amplio la última parte del el art.497 del Código Civil. Dice allí el Código: “No hay obligación que corresponda a derechos reales”, entre los que está y a la cabeza, el “derecho real de propiedad”. Esto debe ser en tendido de manera muy estricta.
La matriz del artículo es el sistema de “derechos personales”. En el tráfico de la vida los derechos personales suponen siempre una relación, un par de sujetos: el acreedor A contra el deudor B y viceversa. En cambio en la matriz de los “derechos reales” basta con un sujeto propietario P y la cosa sobre la que se es propietario. Pero este correcto principio, sacado de aquella matriz no tiene sentido o puede ser un disparate que nadie se atrevería a sostener. ¿El derecho real de propiedad sobre el automóvil que poseo no me genera ninguna obligación personal? ¿Puedo manejar por donde me plazca? ¿A la velocidad que se me ocurra? Hay que evitar aquí el escamoteo técnico. Decir que una cosa es el derecho civil y el otro el administrativo o el penal. El derecho como ordenamiento social ha de ser una totalidad y armónica entre sus partes. Con una visión de este tipo, que en cierta forma es la dominante en toda sociedad relativamente bien ordenada, “el derecho real de propiedad” genera “responsabilidades” para su titular. O sea “obligaciones personales a su cargo”. Ya los romanos responsabilizaban (como también nosotros), al dueño de la cosa por los daños que a otros la cosa de su propiedad causara. Ningún hombre de derecho lo ignora y hasta el más palurdo ignorante del derecho lo sospecha.

La pregunta ahora pertinente es la siguiente. Tiene que entrar por la mente pero ser tamizada por el corazón de cada uno. ¿Es bueno para la sociedad que el propietario del nudo terreno se apropie para sí del mayor valor que el terreno adquiere por causa de la demanda social?. Por lo visto no es sano, porque ese efecto daña nada menos que al sistema monetario, uno de los mayores lograr de la civilización. Es causa primera de la inflación. Al aumentar el valor de la tierra, cae el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores; a la vez que se enriquece, sin hacer nada, a los propietario de la tierra. He ahí todo el misterio de las villas miseria. ¿Se puede ser decente y buen ciudadano y sostener que esos efectos son buenos? Cada uno dé su respuesta.

Pero, ¿hay remedio para esto? ¡Caramba si lo hay! Lean – como mínimo - el proyecto de reforma impositiva de Roque Sáenz Peña de 1912, refrendado por su ministro José María Rosa, y hallaran la respuesta. La propiedad de la tierra sí genera una obligación personal a cargo de quien es propietario y para aquel que la ocupe por cualquier otro titulo o hecho. Es una obligación proter rem. Derivada de poseer la cosa. La obligación consiste en pagar a la sociedad un tanto por ciento del valor de mercado que la tierra ocupada tenga. Cuando se hace esto, como en muchos prósperos países anglosajones, hay que eliminar los impuestos. Dejemos de saquear al trabajo, la inversión, el comercio y el consumo y afrontemos el gasto público con la cantidad que se recaude en concepto de renta del suelo.
Hacer esto, es propugnar por la democracia social, asegurar la libertad individual y recomponer la republica.
Héctor Raúl Sandler, profesor consulto, Derecho, UBA
Buenos Aires, abril 8 de 2010

Dos siglos con una casa dividida


El interesante articulo "Dos Siglos con la casa dividida" de Caro Figueroa olvida en su analisis que el principio de orden de la Revolución de Mayo, es decir, ese principio fundante y fecundante que señalaba que los recursos del estado no podían ser los impuestos al trabajo y al consumo, sino que deberían ser las rentas fundiarias libres de mejoras; como único camino para lograr una sociedad moderna, civilizada, igualitaria, libre y fraternal fue vulnerado primero en la restauración de las leyes; y después de Caseros y la sanción de la Constitución de 1853, con la sanción del Código Civil que en su Articulo 2503 termino con el sistema rentístico como principio de orden y nos volvió al antiguo y perverso sistema impositivo romano que genera una sociedad de clases enfrentadas al borde de una guerra civil -destruye a la argentina por los mismos mecanismos que destruyo a Roma- , que como señalaba Alberdi "degrada el trabajo hasta hacerlo digno del esclavo y realza en robo y el latrocinio político como fuente genuina de la propiedad".
Nuestras Facultades de Derecho son las responsables de la degradación, violencia y decadencia por ocultar los principios fundantes de la Revolución de Mayo y enseñar y difundir -en favor de una sociedad jerárquica- el perverso sistema romano de recursos del estado.

Este tema sera abordado el miércoles 14 de abril, a las 13 hs., en el almuerzo del Foro de la Ciudad, nuestro invitado será el Dr. Héctor Raúl Sandler. El título de su charla será: "DOS PROYECTOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO QUE CONSTITUYEN HOY EL PROGRAMA POLÍTICO PARA LA ARGENTINA MODERNA".".
Se sugiere la reserva previa a institucional@clubdelprogreso.com


Dos siglos con una casa dividida, por Gregorio A. Caro Figueroa

Artículo publicado originalmente como editorial de Todo es Historia

Tendremos que admitirlo con dolor y sin rodeos: durante la mayor parte de los dos siglos que conmemoramos, la Argentina fue una casa dividida. Lo sigue siendo. Nuestras antiguas disensiones, discordias y fisuras no desaparecieron: mutaron, adquirieron nuevos rasgos y aún permanecen abiertas como llagas.

No parecemos dispuestos a reconocer un pasado y un destino común ni aún en el momento en que vamos a celebrar nuestra mayoría de edad como país. Preocupa que no podamos ponernos de acuerdo en un balance de la herencia recibida ni en una visión de país compartida. Es grave que tampoco podamos coincidir en pequeños detalles.

Con el Bicentenario echado a andar, no hay coincidencias sobre el sentido de este acontecimiento ni en la fecha en que debe festejarse. Tampoco en el tono, contenido y criterios para organizar la celebración.

No sólo hay dificultades para acordar un programa de festejos no crispado, no sesgado ni excluyente. No podemos siquiera concertar actividades, feriados, protocolos, horarios y escenarios. Llegamos al Bicentenario con un campo minado de confusión y equívocos que provoca creciente indiferencia y perplejidad en la mayor parte de los argentinos.

Erró Roque Sáez Peña cuando, en 1906, dijo que si Europa tenía un gran pasado, la Argentina tenía “un gran futuro”. Equivocó Perón su profecía porque el año 2010 no nos encuentra unidos, sino envueltos en discordias. Tampoco, dominados, porque la pérdida de relevancia internacional de la Argentina se profundizó.

En momentos en el que los antagonismos deberían atemperarse para dar paso al homenaje a los sucesivos forjadores del país, algunos, armados de la dialéctica amigo- enemigo, parecen empeñados en desplegar pasión y energía en profundizar y atizar la división de las dos Argentinas, negando hacer de ella nuestro hogar común.

Por una parte, se escuchan voces más altisonantes que sensatas que, en nombre de antiguos litigios y de reparación de agravios, llaman a no celebrar y a boicotear el Bicentenario con parecidos argumentos a los desplegados en 1992 para rechazar el Quinto Centenario.

Están aquellos que, adjudicando carácter “porteño” a los acontecimientos de 1810, relativizan la importancia de esa fecha para afirmar que la auténtica partida de nacimiento de la Argentina es la fechada en Tucumán en 1816, proponiendo postergar seis años esta celebración, para dedicarla al “verdadero” Bicentenario.

Como si todo esto no fuera suficiente, están los que, con alegatos ideológicos, recusan la Argentina del Centenario en la que ven la expresión decantada del “régimen oligárquico y dependiente”, olvidando que el Centenario fue el pórtico de la mayor reforma política, la que abriendo las puertas al saneamiento de las prácticas electorales, puso fin a la indiferencia electoral del 90% de los ciudadanos.

En 1886, en un relato de ficción, Paul Groussac imaginó pletórica la Argentina de 1910 y dibujó el perfil de un futuro presidente que asociaba “sin mezquindades ni rencores, a todos los partidos y sus hombres (…) en la obra colectiva y el triunfo final”.

Por otra parte, no ya el encono, pero si el silencio, rodea hoy el recuerdo de la conmemoración del Sesquicentenario, en el año 1960 durante la presidencia de Frondizi. A semejanza de la de 1910, aquella conmemoración dejó un vasto y sólido repertorio de textos históricos que incluyó la edición de obras monumentales como la Biblioteca de Mayo y el Mayo Documental.

Ese año Frondizi, acosado por hostilidades cruzadas, al lanzar un mensaje de concordia, expresó que “la Nación está más allá del espíritu faccioso, más allá del interés parcial de los sectores, de las clases sociales y de las regiones que integran su geografía”.

“La Nación es el bien común, el pasado, el presente, el porvenir. Para defender y engrandecer la comunidad nacional, se deben deponer las consideraciones partidistas, perfectamente legítimas, siempre que no pongan en peligro la existencia misma de la Patria”, explicó Frondizi en el momento en que se intensificaban las pugnas sectoriales.

Ya no necesitamos dirimir nuestros pleitos en el campo de batalla, añadió Frondizi quien, quince meses después y en un rebrote de ese siempre latente espíritu faccioso, fue derrocado y encarcelado. Siglo y medio después de Mayo, una de las pocas leyes vigentes era, al decir de Joaquín V. González “la ley fatal de la discordia y la guerra civil”.

Al momento de hacer el balance crítico de esos primeros cien años, Joaquín V. González encontró una constante o “ley histórica”, que atravesó más de la mitad de ese siglo: la del odio, la discordia y las querellas fratricidas, responsables de la despoblación, la pobreza, la incultura, el aislamiento, los personalismos despóticos y del retraso de la cultura y de la prosperidad del país.

Con ese “inventario sistemático”, no se propuso “entonar un canto a la grandeza material ni a la gloria militar”. Tampoco ocultar errores o disimular defectos de una sociedad “donde la libertad tarda en brotar” y en la que odio encuentra tierra fértil. Intentó que aprendiésemos lecciones del pasado no ostentando glorias y méritos pasados para eludir responsabilidades presentes.

Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote, luego de admitir que los españoles ofrecían “a la vida un corazón blindado de rencor”, observó que la “morada íntima” de éstos había sido “tomada hace tiempo por el odio, que permanece allí artillado, moviendo guerra al mundo. Ahora bien: el odio es un afecto que conduce a la aniquilación de valores”.

No se trata de abogar por la equivocada idea de unidad nacional, confundida con unanimidad y hegemonía de una parcialidad política, resultado del predominio de una de las dos Argentinas y de la supresión de la otra. Una democracia no consiste en unirse suprimiendo diferencias, sino “en el arte de saberse dividir”.

Aunque nuestra Constitución proporciona marcos para hacerlo, recordar que el primer acuerdo al que debemos llegar es el referido a las reglas de juego para disentir. "Cuando los ciudadanos se muestran recíprocamente corteses a pesar de sus divergencias, demuestran que ellas son menos importantes que su decisión de seguir siendo conciudadanos."

Apelando a la parábola de la casa dividida, al comenzar la guerra civil en Estados Unidos, Lincoln advirtió que su país no podría durar mucho tiempo si seguía siendo una sociedad quebrada en dos. “Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse”, es asolada y luego cae, recordó.

Una Argentina hecha de exclusión y encono, de amigos y enemigos, tampoco podrá sostenerse. En este Bicentenario luchan sentimientos e imágenes contradictorias: “el miedo a caer” y “la esperanza de subir”, que Tocqueville consideraba motor de sociedades libres. Para Borges, “el porvenir será obra de nuestra fe”.

A nosotros nos toca, anotó Joaquín V. González, “acaso por un mínimo toque de corrección”, que la esperanza de un país mejor por el cual lucharon nuestros mayores prevalezca sobre esa visión pesimista de una Argentina quebrada, frustrada y abatida.-

lunes, 5 de abril de 2010

El secreto mejor guardado (la Revolucion de Mayo de 1810)



RAUL GIRBAU, economista, dice:
Felicito a los sostenedores de este Blog y en particular a quienes han puesto en pantalla al video registrando el debate entre dos renombrados intelectuales que disputan sobre “el capitalismo”. Debate insulso y sin agarraderas en la realidad que tiene un efecto letal. Letal, sí pues consume inútilmente energías y resta fuerzas a la democracia para impulsar cambios que claman al Cielo. Apenas terminado de ver y leer el debate de marras, abro el periódico de la fecha, La Nación, editado en Buenos Aires, en la que se publica un escalofriante informe sobre la miseria y hacinamiento urbano en la “perla del Plata”. Hacinamiento y miseria para nada menor en el resto de Latino America. Cuando uno lee la misérrima condición a que son sometidas millones de personas, propia del neolítico, cuyos hogares son sostenidos por simples trabajadores, se pregunta: ¿Ante este informe , descripto en precisos números, que explicación nos dan los Ramonet y Vargas Llosa? Para nada desprecio su inteligencia y voluntad para ocuparse de los problemas sociales. Por el contrario valoro a ambos. Pero favor les pido: Dejen de lado el palabrerío en que se encuentran, que a nada conduce y presten atención a la insuperable obra de Henry George. Este pedido vale tambien para los académicos argentinos, sobre los que pesa una carga moral suplementaria. Lo que George vio y las soluciones que propuso al fin del siglo XIX, ya lo habían visto y la habían previsto la legislación conveniente los patriotas argentinos que encabezaron la Revolución de Mayo. Es necesario recordarlo al cumplirse el Bicentenario del comienzo de aquella revolución social, pues veo las librerías plagadas con obras escritas a “vuela pluma” sobre ese acontecimiento fundante de nuestro país. Pero no encuentro una sola que se ocupe de la cuestión de la tierra y el destino de la renta del suelo programada en nuestra Revolución. Véase el fracaso de nuestra intelectualidad actual comparando los ideales de Mayo, el país prometido por nuestra Constitución de 1853 con el que describe el informe publicado en La Nación y que transcribo a continuación.

“VIVEN MÁS DE 2 MILLONES EN LAS VILLAS BONAERENSES
Hay unos 1000 asentamientos en el Gran Buenos Aires
Más de 2 millones de personas viven hacinadas en la provincia de Buenos Aires, casi sin servicios y expuestas a la marginación, las recurrentes inundaciones, el flagelo de la droga, la violencia y la falta más absoluta de horizontes "en cerca de 1000 villas de emergencia, asentamientos y otro tipo de urbanizaciones precarias", que, en su mayoría, se concentran en el conurbano.
La estimación pertenece al ministro de Desarrollo Social bonaerense, Baldomero Alvarez de Olivera, quien aclara que los niveles de irregularidad y la inexistencia de fuentes confiables hacen que la cuantificación del fenómeno sea tan sólo una proyección sin datos certeros. El cálculo tiene como referencia un vasto y reconocido estudio de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNSG) que registró hasta 2006 un total de 819 villas y asentamientos en los 25 distritos del Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que incluye a la Capital, donde hay 23 villas.
Comparar la evolución de la población general y la de las villas sirve para tener una dimensión de cómo creció el fenómeno (y lo sigue haciendo, según funcionarios y especialistas): entre 2001 y 2006, la población general del AMBA aumentó 6,6%, al pasar de 8,6 a 9,2 millones de habitantes, mientras que en las villas el incremento demográfico fue del 57,5 por ciento.
Este fenómeno social es el reflejo de la prolongada ausencia del Estado, en todas sus instancias, en el interior de estos conglomerados, que crecieron a su suerte impulsados por sucesivas crisis económicas y por las migraciones sin control.
El trabajo, considerado como uno de los mejor documentados por las autoridades provinciales, fue realizado por varios especialistas agrupados en el centro de estudios Infohabitat y que, ante todo, dejan en claro la imposibilidad de cuantificar con exactitud el universo de las villas.
Los investigadores ubican el origen de estas urbanizaciones informales a principios de los años 30, aunque señala que la década de 1970 fue "fundacional" de los barrios de emergencia tal y como hoy los conocemos.
Según el trabajo, compilado por la antropóloga María Cristina Cravino y publicado en noviembre de 2008 con el título de Los mil barrios (in) formales , el distrito con mayor cantidad de barrios populares es San Martín, donde hay 148, entre villas (58) y asentamientos precarios (91) que concentran una población de más de 81.000 personas.
Si bien La Matanza se ubica segunda con 73 barrios (42 villas y 27 asentamientos), allí se concentra la mayor cantidad de población, con 139.871 habitantes. En tanto, al sur de la Capital, el distrito de Quilmes, que tiene 48 barrios (16 villas y 32 asentamientos), concentra una población que llega a las 120.097 personas.
Según el estudio, en 2006 en las 819 villas vivían 1.051519 personas, aunque este guarismo incluía algunos datos parciales o sin actualización desde 2001. Por eso, las autoridades provinciales estiman que actualmente la población en barrios de emergencia supera los dos millones de personas. "Hicimos la estimación más conservadora posible para evitar caer en el amarillismo", dijo Cravino a LA NACION, que admite que el número podría ser aún mayor.
"Uno de los fenómenos que hizo crecer mucho los barrios informales fue la flexibilización laboral de los 90", remarcan desde el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense. Así, para los expertos, la informalidad del empleo fue el principal motivo del crecimiento poblacional en el Gran Buenos Aires. De cada 100 nuevos habitantes del conurbano, 60 se instalaron en villas, refiere el estudio de la UNSG.
Entre las villas más densamente pobladas figuran: Independencia, La Cárcova, Hidalgo y barrio Ceamse (en San Martín); Don Orione (Almirante Brown); El Ceibo (José C. Paz); María Elena, Susana y 22 de Enero (La Matanza); Villa Jarín (Lanús); Juan Manuel de Rosas (Lomas de Zamora); Tranquila (Avellaneda); Carlos Gardel (Morón); Itatí -se la considera como la de mayor población con unos 50 mil habitantes-, Ex Iapi, La Matera y La Odisea (Quilmes); La Cava (San Isidro); Las Tunas (Tigre); Sol de Oro y Vista Alegre (Ezeiza).
Pablo Morosi
Corresponsal en La Plata LA NACION Lunes 5 de abril de

domingo, 4 de abril de 2010

¿Es el capitalismo bueno para los pobres? Ramonet/Vargas Ll.



LOS ERRORES DE RAMONET Y VARGAS LLOSA

Hoy diría Ortega & Gasett "ser comunista, es como ser capitalista una de las tantas formas que tiene el hombre de ser un imbécil; ambas en definitiva son formas de hemiplejía moral"

¿PORQUE EL COMUNISMO Y EL CAPITALISMO SON INMORALES?

De la escuela económica Mercantilista –que solo ve valor en las mercaderías, que son fruto del trabajo del hombre- deriva el Capitalismo; para ellos los genuinos recursos del estado son los IMPUESTOS y mediante ellos extraen valor de las mercaderías, para con ellos, solventar los gastos públicos.
El capitalismo –y su escuela Mercantilista- no ve “valor”, en el aumento del valor de la tierra, que se da, por el aumento de las demandas sociales producto de la evolución de la sociedad. Por esto los mercantilistas tratan a la tierra como una mercadería más. La tierra es para ellos, sujeto de apropiación por parte de los particulares como si fuere una mercadería más y con ella se apropian de la renta fundaría, que es ese aumento de valor que se produce, por la lógica evolución de la sociedad.
La consecuencia de esta escuela es la fractura de la sociedad en tres clases claramente diferenciadas:
1) Los patricios o terratenientes o capitalistas que se apropian de la renta fundiaria y que este hecho pone en ventaja a todos sus negocios conduciendo con el paso del tiempo a una situación monopólica. Esto explica la cita de W. Churchill “La tierra es la madre de todos los monopolios”. Esta clase social acumula grandes cantidades de Capital especulando y sin trabajar y de allí deriva el nombre del sistema "capitalista".
2) Los burgueses o plebeyos que son los que se dedican a trabajar y producir, ellos pueden llegar a acumular –según su éxito- algún pequeño capital con su esfuerzo y
3) Los proletarios o sin tierra o neo esclavos que son los trabajadores que tienen que soportar con el fruto de su trabajo, por un lado, los impuestos para sostener los gastos públicos, y por el otro, deben soportar el aumento brutal de los alquileres y arriendos -producto de que la tierra al no ser tratada y extraído su valor, para solventar los gastos públicos, la transforma en fuente de especulación; que explica la cita de Vinelli “el mejor negocio sobre la tierra, es la tierra misma”.
Por este mecanismo de doble entrada IMPUESTOS + ALQUILERES los trabajadores son condenados a su propia destrucción, que dependiendo del valor de la tierra, logran una situación aun pero que la lograda en épocas de la esclavitud –el esclavo tenia un dueño y él se ocupaba de darle alimento, vestido, salud y techo-; a los proletarios de hoy nada le es suministrado y encima no consiguen trabajo digno de sostenerlos.

Como reacción a los desequilibrios generados por la escuela Mercantilista –Capitalista y ahora Neoliberal- emerge la escuela socialista que intenta eliminar los problemas causados por el aumento del valor de la tierra haciéndola publica o común a todos; de allí su denominación “COMUNISMO”. Para ellos -igual que para los mercantilistas- los genuinos recursos del estado son los IMPUESTOS al trabajo. Ambos sistemas capitalista y comunista son tributarios de la antigua barbarie romana; sistema jurídico que llevo a Roma a su propia destrucción.

Frente a estas dos escuelas y del lado de la libertad se encuentra la Escuela Fisiocrática o también denominada “La grande escuela Industria de Adam Smith” que libera el trabajo de impuestos y que se lo llama LIBERALISMO; para ellos los genuinos recurso del estado son las RENTAS fundiaria libres de mejoras, es decir, los recursos del estado son ese aumento del valor de la tierra que se produce como consecuencia del aumento de las demandas sociales.
De esta escuela emerge un orden social moral que es igualitario, justo, libre y fraternal; donde cada uno es dueño del fruto de su trabajo y la cooperación fraternal desarrolla una sociedad pacifica, de alta producción y de alta calidad de vida para todos.
l sistema rentistico del liberalismo triplica el poder adquisitivo del salario y termina con las brutales desigualdades generadas por el Capitalismo.

¿CUAL SISTEMA ES MAS INMORAL EL COMUNISMO O EL CAPITALISMO?

El comunismo es inmoral porque condena al trabajador, al quitarle el fruto de su trabajo mediante impuestos. Pero al eliminar el valor de la tierra –al hacerla publica- y no poder hacer uso de ese valor –de la tierra- se hace muy improductivo y esto redobla la carga sobre los trabajadores y esto alimenta el circulo vicioso de la improductividad. Cierto es, que no genera clases sociales muy marcadas, pero hunde a todos en la mayor de las miserias.

El Capitalismo es inmoral por vía doble: Por un lado, al condenar al trabajador a quitarle el fruto de su trabajo mediante impuestos. El capitalismo al dejar en manos de los particulares el aumento del valor de la tierra se torna más productivo y eso alivia mucho, la situación de la sociedad en su conjunto. Por otro lado, como por efecto de la apropiación de la renta fundiaria en manos de los particulares, transforma a la tierra en fuente de especulación, con lo cual la tierra aumenta de valor y en la misma medida que enriquece al propietario sin trabajar, condena a los trabajadores porque con el aumento del valor de la tierra, aumentan también los alquileres, que deben ser soportado también por los trabajadores para poder trabajar y vivir.

Podemos terminar sintetizando que el Comunismo es tan inmoral como improductivo y que es igualitario -son todos pobres- esto lo convierte en tres veces inmoral.
En tanto que el capitalismo, es mucho mas inmoral - IMPUESTOS + ALQUILERES en suba- pero altamente productivo y mucho mas desigual –tres clases sociales- condenando a las clases trabajadoras a la neo esclavitud. Por esto el capitalismo es tres veces inmoral. EMPATE TECNICO ENTRE LOS DOS SISTEMAS TIBUTARIOS.

Por esto la única salida para un mundo civilizado y moderno es el sistema LIBERAL -no el sistema capitalista, que es su opuesto y que Vargas Llosa confunde e iguala- donde los genuinos recursos del estado sean la RENTAS y no los impuestos. Liberalismo donde el mayor valor de la tierra es para solventar los gastos del estado y no para sostener a los ricos.

"Hay un medio para asegurar los derechos iguales de todos, no dividiendo la tierra en pedazos iguales, sino tomando para uso de todos aquel valor que se adhiere a la tierra, no como el resultado del trabajo individual sobre ella, sino como resultado del aumento de población y del progreso de la sociedad. Por ese medio todos estarían igualmente interesados en la tierra de su país nativo. Si uno utilizaba un pedazo de más valor que su vecino, pagaría una renta más pesada. Si no usaba tierra directamente, aun así sería un igual partícipe en la renta. He aquí el camino sencillo." Henry George 1889.

Este tema "Cual es el origen de los recursos del estado en una sociedad igualitaria, de hombres libres y civilizada y sus consecuencias Economicas, Politicas, Sociales, Juridicas y Culturales" se debatira proximamente entre Jose Benegas y Guillermo Andreau en la semana del 19 de abril en horario y lugar a confirmar.


RAMONET vs. VARGAS LLOSA
¿CHARLA O CIENCIA ECONÓMICA?

Héctor Raúl Sandler, Profesor Consulto, Derecho, UBA

“Los realistas conceptuales” son un obstáculo muy serio para poder conocer la realidad tal como ella se nos presenta. Dificultan la visión recta de las cosas y así entorpecen el poder del pensamiento para resolver los problemas sociales. Neutralizan el valor de la experiencia pues la velan con sus prejuicios. Dejadas de lado las lecciones de la experiencia y dejando fluir “a la carta” un pensar hipotecado por sentimientos y emociones , se es incapaz de dar solución a viejos y nuevos problemas que – indefectiblemente – se generan en la vida social.

Hay que tener muy en cuenta la diferencia entre el mundo mineral y animal y el del hombre. Para aquéllos el acontecer de sus partes o miembros viene regularmente “programado” por la matriz del grupo al que pertenecen. Con los seres humanos en cuanto seres libres no ocurre así. Los individuos son tanto más libres tanto pueden más logran llegar a ser , cada uno, “él mismo”. Pero solo lo puede conseguir viviendo en sociedad. Esto genera permanentes tensiones dentro de la sociedad.

La “constitución” de la forma de vida social está, sin duda, condicionada en alto grado por los estamentos mineral y animal que sostienen la vida de los hombres. Pero para la efectiva “constitución del orden social” – los individuos - han de ejercer un trabajo especial, ajeno al animal. Como seres “libres”, cada grupo de hombres cargan sobre si (de modo más o menos conciente) la inevitable tarea de “constituir” su orden social. Esto explica la inmensa variedad de órdenes sociales que muestra el género humano a través de la historia y la geografía.

Teniendo esto en cuenta se advierte que decisiva importancia que tienen el pensar, el sentir y la voluntad de los hombres para constituir su sociedad. Desde el punto de vista intelectual, sobre todo en economía y en política, los “realistas conceptuales” son los principales responsables de la formación de “escuelas”, generalmente enfrentadas cuando no en abierto conflicto. Son siempre potenciales incendiarios y en los hechos un obstáculo – sino el principal – que impide a los hombres de buena voluntad ordenar mejor su vida social.

¿En que consiste el “realismo conceptual”? Si el lector repasa el video que registra el debate entre Ramoret y el joven Vargas Llosa, podra comprobar que ambos contendientes, pecan de un defectuoso método para discurrir sobre la realidad social y sus problemas, base y punto de partida para solucionarlos.

En cuanto a Ramoret basta con observar que para su pensar y sentir el “capitalismo” es un ser real. Algo que tiene vida propia, dotado de visión, pensamiento y voluntad. En una primera frase sostiene que “el capitalismo es inhumano”, lo cual podría aceptarse en parecido sentido al que le da quien juzga un “sistema” carcelario. Pero en frases siguientes, sostiene que “el capitalismo tiene la impresión”, o que “el capitalismo no tiene adversario” , que fue contendiente “del socialismo ” de la Unión Soviética. En fin, un ser vivo, astuto, sagaz, y temible. No hay aquí metáfora. Se ve en Ramonet un pensamiento sesgado y un sentimiento vivo. El capitalismo debe ser odiado, combatido hasta una victoria final (milenarismo). Tan es un “ser real” que le da fecha de nacimiento. Habria sido forjado por los Chicago Boys y parido por la dictadura de Pinochet. Reproducido en Gran Bretaña y EEUU por obra de sus acólitos, Reagan y Tatcher.

Es curioso y muy sugerente, que una de las especialidades del profesor Ramonet sea la semántica o la semiologia, tan ocupadas en descubrir el sentido de las palabras, que si bien son “objetos” no lo son de la clase del “objeto significado”. Por este descuido, imperdonable para quien domina esa especialidad, el discurso de Ramoret no vale nada para solucionar problemas sociales, pues no nos explica (ni se explica a si mismo) que “cosa” es eso que él nombra como “capitalismo”. A tal cosa la da por “sobre entendida”. Tales sobre entendidos son, harto frecuente, la polvora por la que en cualquier momento estalla el polvorín social. En el hombre comun es facil que en su corazon se enciendan llamas tras este tipo de discurso.

El señor Ramoret no revela tener conceptos claros sobre qué es y cómo es “orden social” humano. Ni sobre la estructuracion de este general orden de vida (porque es forma de vida humana) ni menos de los otros órdenes de vida que lo integran y configuran. Así el orden económico, el político, el legal y sobre todo el cultural. A estos órdenes no se los conoce “deduciendolos” de un concepto sobre entendido. No hay más que aplicarse a ver en su máxima profundidad la cosa que se tiene ante si. Fue este cambio de actitud el que en el siglo XVI dio origen a la “ciencia de lo material” moderna. Cuando la observación desprejuiciada se impuso, fueron sepultados conceptos como el “flogisto” o supercherias como la que sostenía que las pulgas eran el fruto del orin del caballo sobre las virutas de madera.

¿Y que decir de su contendiente , el señor Alvaro Vargas Llosa? Lamentablemente, en grueso, lo mismo. Este ponente, se presenta como “campeon” en la lucha es el “capitalismo”. Tambien para él el “capitalismo” es un ser viviente, servidor de la humanidad. Claro, si se lo domestica. Así tendríamos un “capitalismo humanizado”. Ontologicamente no discrepa de su contrincante. Para ambos es un ser viviente. A punto que, como en los animales, por sus venas corre sangre. Se llama “dinero”.

Se dirá, bueno, no seamos tan estrictos, son metáforas. Desde luego que lo son; pero entonces aparece la cuestión con toda su gravedad: ¿Qué clase de ciencia se puede construir hilvanando metáforas? Ninguna , al menos lo que entendemos por ciencia moderna. La aparición de la ciencia moderna ocurrió cuando las metáforas fueron arrojadas a la basura y en su lugar se apeló a “conceptos” creados, muchos por inspiración, pero solo lograda tras el duro trabajo del pensar, aplicado a la contemplación recta y serena la realidad.

Estos productos espirituales se denominan “conceptos” . Para utilizarlos apelamos a “signos”. A veces recurrimos a palabras, pero no son “palabras”. Los llamamos “términos”. Así en la matematicas , en la quimica actual, en la biologia, ejemplos patentes. ¿Ha de ser posible una ciencia del orden económico con palabras en lugar de términos? No en la época actual. Con palabras se suele “charlar” sobre economía; pero no hacer ciencia económica.

Asi se comprende que el debate entre Ramonet y Vargas Llosa guarde parecido con una “lucha” partidaria. Ninguna semejanza tiene este “pugilato” de palabras con el debate reflexivo que en alta voz puede hacer un simple grupo de hombres sobre una dificultad con la que tropieza. Mucho menos cuando se pretende conocer de modo “cientifico” la realidad social. Aquí, hay que empezar por traducir la “dificultad que ofrece la cosa” a “ términos de problema” (Popper). Solo los problemas son susceptibles de ser tratados científicamente. Lo que abunda en el video son “acusaciones” y “aplausos” por la forma en que se comporta al que tienen por “ser vivo ”: el capitalismo. No en un debate realmente científico. En éstos cada uno expone su parecer respecto del “problema” ; y lo hace sometido a la ética científica, la que exige estar más atento a los argumentos ajenos que a los propios. Porque el fin de todos no es convencer al contradictor sino alcanzar “la verdad” que encierra el problema.

Los “discutidores” en el video ignoran un planteo de corte científico al hablar de los problemas económicos de la sociedad humana. No prestan atención a principales hechos de la realidad social. Hechos y situaciones en las que participa, en muchos casos, con grado de radical dependencia, la realidad económica. Discuten con palabras sobre palabras.
No se formulan preguntas como éstas: ¿Qué tiene que ver el orden legal con el orden económico? ¿Qué tiene que ver el orden económico y el mismo orden legal y cultural con el “sistema de recursos” del Estado? ¿Qué tiene que ver la estructuración del Estado con el orden económico? ¿De dónde han de salir los recursos para afrontar el gasto que demandan los bienes públicos? ¿Qué nos dice la experiencia histórica y comparada sobre estas cuestiones? Ni una palabra se escucha de esto. Permanecen en el mundo virtual de la palabra. Victimas de las palabras que una vez aprendieron, y a las que jamás habrian pasado por el tamis de la realidad. Sus discursos lleva a pensar que ninguno de ellos se ha interrogado –muy en serio - sobre algunas crueldades que la realidad muestra. Menos tratado de explicarla “por su cuenta”. Tal como en el siglo XIX lo hiciera un modesto trabajador , Henry George. Su fruto fue jugoso porque mediante rigurosos “términos” explicó en su obra “Progreso y miseria” las causas de ésta y las condiciones materiales y morales para aquél. Los académicos de entonces para destruirlo recurrieron a su ocultamiento. Y lograron éxito, para mal de los pueblos. Porque excelentes académicos de hoy ni siquieran sabe que ese hombre existió.

Respecto al alejamiento de la realidad nos permitimos repetir la advertencia del economista contemporáneo Walter Eucken:”Al proceder los “economistas conceptuales” a sacar deducciones de tesis seudoaxiomáticas, que se presentan como definiciones, hacen un uso equivocado de la razón. Este es su error cardinal. Este error cardinal tiene como consecuencia un alejamiento de la realidad y la formación de sectas , fenómenos ambos unidos siempre a la aparición de este tipo de economistas” ( Cuestiones fundamentales de Economía Política).

Mal encaminado andan quienes aspirando, aun con la mejor buena intención, a resolver los graves problemas que los humanos sufren por necesidades económicas, comiencen por alejarse de la realidad. A pesar de sus buenas intenciones son un grave obstáculo para comprender cuál orden económico conviene más a la democracia, a la libertad individual, a la fraternidad, a la justicia social y a la satisfacción de las ineludibles necesidades materiales. Y comprender esto es lo que se necesita con urgencia a comienzos del siglo XXI.
Buenos Aires, abril 5, 2010